Y lo sabes

Hay gente a la que le ha dado más asco, muchísimo más asco, conocer la afición por el beso negro que lo otro: la posibilidad de que una humilde veinteañera le haya tenido que lamer el ano a un forradísimo octogenario, porque a este, vaya por dios, le dolía la espalda. Es más, hay peña a quien le resulta muy natural la aplicación de ese extraño remedio entre un jefe y una empleada. Algunos –¡y algunas!– incluso afirman que a la postre la beneficiada ha sido ella, vamos, que en vez de mostrarse rencorosa debería estar encantada de limpiar lo que no estaba en el contrato. Sin duda olvidan los entrantes y arcadas previas.