José María Pérez, Peridis , ha regresado este jueves a Toledo no solo para presentar un libro, 'El tesoro del convento caído', sino para cerrar un círculo vital que comenzó muchos años antes, entre ruinas, dibujos infantiles y una pasión por la historia que aún hoy lo acompaña y de la que ha hecho su forma de vida. El salón de actos de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en la última planta del Alcázar, se llenó hasta el último asiento. No cabía nadie más . Una imagen poco habitual en las presentaciones literarias de la ciudad y que daba la medida del interés que despierta Peridis, arquitecto, dibujante, humorista, divulgador cultural y escritor, un auténtico hombre del Renacimiento, como lo definió la viceconsejera de Cultura y Deportes, Teresa Olmedo, durante la presentación. Allí, en el mismo espacio donde hace 27 años los libros sustituyeron definitivamente a las armas, Peridis confesó una deuda pendiente con Toledo. Y no se refería —o no solo— a haber sido el arquitecto que diseñó la planta que hoy ocupa la Biblioteca regional dentro del Alcázar. Era una deuda más íntima y más inesperada, con nombre propio: Federico Martín Bahamontes. El arquitecto recordó su admiración juvenil por el ciclista toledano , del que conocía la vida al detalle. Tanto, que el día en que Bahamontes ganó el Tour de Francia, en 1959, Peridis pintó en la capilla del Cristo del monasterio de Santa María la Real una inscripción celebrándolo. «Con Bahamontes aprendí a conocer Toledo», confesó, evocando aquellas subidas imposibles del ciclista por la cuesta del Cristo de la Luz. «Quién me iba a decir —añadió— que acabaría rehabilitando el Alcázar». Santa María la Real es el verdadero «convento caído» al que alude el título del libro. El lugar donde todo empezó. En Aguilar de Campoo , su pueblo natal, entre el olor a galleta de las fábricas que daban trabajo a hombres y mujeres, el pequeño José María jugaba entre las ruinas de aquel monasterio románico abandonado tras la desamortización de Mendizábal en 1837. Un siglo después, con bóvedas hundidas y muros inestables, el convento había servido de refugio a familias que lo habían perdido todo durante la Guerra Civil. De aquella infancia nació una vocación. Y también un compromiso. En los años setenta, Peridis impulsó la Asociación de Amigos del Monasterio para salvar Santa María la Real. En los ochenta promovió la Escuela Taller y la Casa de Oficios, un proyecto pionero con el que jóvenes desempleados aprendían oficios ligados a la restauración y protección del patrimonio. Recuperar piedras era también recuperar personas. Ese mismo espíritu fue el que lo trajo años después a Toledo. Por encargo del expresidente de la Junta, José María Barreda , -que no pudo acudir al acto por un problema de salud- diseñó la actual sede de la Biblioteca de Castilla-La Mancha en el Alcázar, un edificio que entonces no sabía muy bien qué ser. «Qué suerte he tenido de poder hacer una biblioteca aquí», dijo este jueves al entrar. «Este edificio merecía una novela: una biblioteca dentro de un Alcázar». La presentación contó, además de la viceconsejera, con el profesor y expresidente autonómico Jesús Fuentes Lázaro , quien confesó sentirse «abrumado» al compartir mesa con «un gigante». Definió 'El tesoro del convento caído' como una biografía novelada «sencilla, bien armada y profundamente sincera», que vuelve a la infancia para contar la España de la posguerra, el progreso que amenaza el paisaje y el patrimonio, y esa idea tan presente en Peridis de que, como escribió Unamuno, las ruinas están llenas de esperanza. Publicado por Espasa en 2025, 'El tesoro del convento caído ' recorre, con un estilo bienhumorado, sabio y con una pizca de fantasía, la vida de un niño de la montaña palentina que acabó ayudando a rescatar monumentos, paisajes y personas. Un homenaje —como señala el propio autor— a quienes ayudaron y se dejaron ayudar.