Partiendo de una anécdota personal, reflexionamos hoy sobre lo que podríamos denominar ‘desprecios lingüísticos’. Si bien no pretendemos adoptar un tono catastrofista, sí reconocemos que todavía existen variedades del español que gozan de mayor prestigio social que otras. Así, ciertos acentos continúan funcionando como excusa para la mofa o la condescendencia hacia quienes se considera inferiores.