Del derribo del Principal Cinema a las habitaciones por 900 euros con baño compartido: "El barrio pierde la esencia"

Es Coll d'en Rabassa, en Palma, se queda sin sus referencias mientras el precio de la vivienda se dispara y el comercio tradicional desaparece. Frente al solar vacío del antiguo cine, los vecinos rememoran: "Los críos íbamos al 'gallinero' y, a la hora de hacer el cambio, ibas abajo y veías varias veces la película" Salas de cine reconvertidas en bancos y locales de bingo: el 'crash' de los cines en la ciudad que más pantallas albergó El solar es hoy una herida abierta en un barrio que se transforma a golpe de derribo. Donde durante décadas se levantó una de las decenas salas de cine con las que llegó a contar Palma, ahora solo quedan polvo, vallas y ecos de una vida cotidiana que se apaga. Para los vecinos de Es Coll d'en Rabassa, no se trata tan solo de la demolición del enclave que un día fue punto de encuentro de familias, pandillas y generaciones enteras, sino el símbolo de una barriada que se queda sin sus referencias más visibles mientras el precio de la vivienda se dispara y el comercio tradicional desaparece. Ahora, una empresa dedicada al negocio del coliving -que en una finca colindante oferta habitaciones por 900 euros al mes con baño compartido- plantea un nuevo proyecto en el mismo lugar al que cientos de espectadores acudían cada semana, acelerando la sensación de que Es Coll se deshace, poco a poco, de su propia historia. “No es solo la pérdida del antiguo cine, es que se está perdiendo la esencia del barrio”, resume Juana Ruiz, presidenta de la asociación de vecinos Ses Cases Noves. Junto a otros dos residentes de toda la vida, Luis y Domingo, observa el terreno que las excavadoras han dejado prácticamente vacío, a la espera de un resurgimiento que, temen, cambiará parte del paisaje -y la vida- de esta barriada. Su ubicación -cerca del mar, del aeropuerto y bien conectada con el centro- ha convertido Es Coll d'en Rabassa, tradicional refugio de la clase obrera, en un enclave cada vez más codiciado por la inversión inmobiliaria y los nuevos modelos de alojamiento. Un vistazo al portal de Idealista permite comprobar que, en estos momentos, el piso de alquiler más barato se oferta por 1.300 euros al mes, una cifra inasumible para gran parte de la ciudadanía. En las proximidades del cine, una nueva promoción inmobiliaria a cargo de Wwress Real Estate ofrece pisos cuyos precios oscilan entre los 519.000 y los 775.000 euros, una “oportunidad única para vivir en un entorno envidiable”, según reza el anuncio. El reclamo refleja el cambio de ciclo que perciben los vecinos: un barrio que durante décadas fue accesible para familias trabajadoras que se reconfigura con una rapidez que la memoria colectiva no alcanza a procesar, mientras el acceso a la vivienda se estrecha y la vida cotidiana se encarece. Una de las promociones inmobiliarias impulsadas en Es Coll d'en Rabassa “No es algo que vayamos a vender, ni con lo que vayamos a especular” elDiario.es se ha puesto en contacto con Far Home para conocer cuáles son las pretensiones de la empresa en el solar que durante décadas ocupó el antiguo cine. Daniel Ruiz, director de expansión de la compañía, asegura que la intención de ésta pasa por poner en marcha “un proyecto residencial” cuyas viviendas no se destinarán a la venta, sino al alquiler, en parte mediante la modalidad de 'coliving'. “A nosotros lo que nos interesan sobre todo son lo que yo definiría como zonas fronterizas en las que, dependiendo de lo que hagas, y no es necesario que sean grandes proyectos, puedes inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro”, subraya Ruiz, quien, al ser consultado sobre el concepto de 'zona fronteriza', señala que su foco se centra “en los barrios obreros o de clase media que están sufriendo gentrificación”, donde buscan “dar una solución al problema de la vivienda”. Preguntado sobre si considera si comercializar habitaciones por 900 euros -como en el caso del inmueble contiguo que explota la misma compañía- es “dar una solución a la vivienda”, el responsable de Far Home admite esa “no es una solución, eso está claro”, pero, añade, “muchas veces se hace lo que se puede hacer o te dejan hacer”, aseverando que este tipo de oferta responde más a la falta de alternativas existente. Aunque reconoce que aún no puede concretar cómo será el proyecto porque se encuentra en fase de obtención de licencia, defiende que el modelo de negocio de la empresa no se basa en comprar para revender: “Nosotros lo vamos a explotar. No es algo que vayamos a vender, ni con lo que vayamos a especular”. Tampoco, asegura, prevén destinarlo al uso turístico. El directivo señala que Far Home busca desarrollar “un edificio singular” que se “integre” en el entorno y que mantenga el carácter de Es Coll d’en Rabassa, al que define como un barrio “trabajador”. Daniel Ruiz, director de expansión de Far Home, defiende que el modelo de negocio de la empresa no se basa en comprar para revender: “Nosotros lo vamos a explotar. No es algo que vayamos a vender, ni con lo que vayamos a especular" En esta línea, subraya que el futuro edificio no se concibe como un producto “de lujo” ni como una “arquitectura internacional de lujo”, sino como una propuesta que dialogue con el entorno y juegue con los elementos del barrio, como la iglesia o las construcciones militares. “Va a tener un patio interior bastante bonito, un poco en la línea de los palacios mallorquines”, describe. “Si vas a explotarlo, tienes que pensar en la ciudadanía, porque en definitiva también son ellos los que van a hacer que funcione. Si tú te sales del mercado, pues entonces no funcionará”, añade el director de expansión, quien se muestra crítico con determinadas normativas que empujan a la construcción de viviendas “muy grandes”, dificultando con ello una oferta más flexible y que “realmente no se dé una solución clara”. tiempo que sostiene que su objetivo es contribuir a una mejora urbana: “Vamos a intentar que cambie hacia lo mejor posible”. “Al cine venía incluso gente de Son Banya” Mientras tanto, los vecinos rememoran y reflexionan. “El barrio ha cambiado mucho”, reflexiona Luis, vecino de toda la vecina de Es Coll. Junto a otro residente, Domingo, habla del antiguo cine como de una costumbre familiar, algo que estructuraba el tiempo y daba vida a la barriada. Ambos iban con frecuencia al Cine Nou -o Principal Cinema, como era conocida la sala-. “Los jueves, sábados y domingos había sesión desde las tres. Proyectaban dos películas, primero una normalita y después una clásica, como Rocky ”, comenta con nostalgia. El espacio, además, tenía jerarquías: “Había tres zonas. Los palcos del fondo, la parte normal y el gallinero , que era lo más barato: 25 pesetas... Los críos primero íbamos al gallinero y después, a la hora de hacer el cambio, te ibas para abajo y acababas viendo varias veces la misma película, hasta que aparecía el linterna y nos echaba”. Domingo toma la palabra: “Aquí venía muchísima gente, incluso de Son Banya [poblado chabolista ubicado en las proximidades] y nunca hemos tenido problemas con ellos. ¿Verdad que no?”, le pregunta a Luis. Y prosigue: “Se sentaban y después cogían y se iban. Y si había alguna pelea, eso era cosa de críos”. Como recuerda, por su parte, el investigador histórico Pere Galiana Veiret, el Principal Cinema se inauguró el 13 de diciembre del 1942 con una función de zarzuela: “Vino una compañía con cantantes, corazones y orquesta y representaron Los Gavilanes , rememora. A los pocos días se proyectaron dos películas: La culpa del otro , de Ignacio F. Iquino, y la argentina Riachuelo ”. La sala contaba con “dos máquinas sonoras marca OSA de 35 mm y arco voltaico con carbones de acercamiento manual” que, recuerda el cronista en uno de sus artículos, “dieron muy buen resultado y las tuvieron unos 21 años”. Tras ello, prosigue, “las cambiaron por dos Western de carbones de ajustamiento automático”. “Al tener dos máquinas, el cambio de bobinas se realizaba sin necesidad de parar la proyección. Y para prevenir los cortes de electricidad con motivo de las frecuentes restricciones durante la posguerra y no verse afectados como sucedía en él [cine] Rosales, había un grupo electrógeno movido por un motor de gasolina”. Varios vecinos conversan frente al solar en el que se ubicaba el Principal Cinema Uno de los carteles publicitarios del Principal Cinema Y es que, mucho antes de que el Cine Nou se convirtiera en uno de los principales punto de encuentro del barrio, ya hubo un primer espacio pensado específicamente para proyectar películas: el Cinema Edison -denominado más adelante Cine Rosales-, impulsado por un vecino Pedro Suasi, alrededor de 1920, como recuerda Galiana. En sus inicios era un recinto al aire libre, hasta que en 1922 se iniciaron los trámites para transformarlo y recubrirlo bajo la batuta del arquitecto Carlos Garau, una prueba de que el séptimo arte ya empezaba a formar parte de la vida cotidiana del Coll. En la época del cine mudo, la música la ponía un piano y el público comentaba en voz alta. Con la llegada del sonoro, los vecinos comenzaron a guardar silencio. La puesta en marcha del Principal Cinema, que terminaría por consolidarse como la gran sala cinematográfica de Es Coll d’en Rabassa y la que más perduró en la memoria colectiva, lo abocó al cierre en 1945. Con una programación regular que marcaba el ritmo de la semana, el Cine Nou se convirtió durante décadas en un punto de encuentro intergeneracional. La irrupción del VHS y de los videoclubes en los años ochenta, además de la creciente oferta de películas por televisión, provocaron que la afluencia de público y la rentabilidad menguasen hasta tal punto que, el 24 de marzo de 1984, la sala bajaría finalmente sus persianas. Tras ello, en el mismo edificio se puso en marcha una bolera, que apenas vivió un breve espejismo. “Entonces había muy pocas. Aquí hicieron torneos y todo. Pero no duró mucho”, recuerda Luis, quien apunta además que, en sus últimos años, el inmueble arrastraba problemas materiales: “Había incluso amianto en el recubrimiento”. Una empresa de 'coliving' entra en escena Desde 2011, el emblemático edificio permaneció cerrado hasta que, en 2024, una empresa madrileña, Far Home Group, especializada en hostels , apartamentos y alojamientos de estancia flexible, presentó ante el Ayuntamiento de Palma un proyecto de demolición del inmueble, tal como informó en su día el periódico local Última Hora . Se trata de una compañía que, en un inmueble de los aledaños, ya comercializa habitaciones bajo el régimen de coliving , un modelo a medio camino entre el alquiler residencial y el alojamiento temporal: se trata de habitaciones privadas dentro de un inmueble con zonas comunes y servicios incluidos, pensado sobre todo para estancias de duración variable y con una rotación de inquilinos mucho mayor que la del alquiler tradicional. Su expansión ha abierto un debate creciente en España sobre el acceso a la vivienda: mientras sus defensores lo presentan como una forma de dar uso a edificios infrautilizados y ofrecer alojamiento en áreas bien conectadas, sus críticos advierten que el coliving no es más que una fórmula de “alquiler encubierto” que reduce la oferta de vivienda estable y contribuye a tensionar -aún más- los precios en barrios ya sometidos a la presión inmobiliaria. A la derecha, el local en el que se ubicaba el bar del Principal Cinema El coliving consiste en ofrecer habitaciones privadas dentro de un inmueble con zonas comunes y servicios incluidos, pensado sobre todo para estancias de duración variable y con una rotación de inquilinos mucho mayor que la del alquiler tradicional En Balears, la ley de medidas urgentes para facilitar el acceso a la vivienda aprobada en 2023 por el Govern balear del PP permite el coliving y el cohousing , una tipología residencial que, a juicio de los populares, “da respuesta a nuevos modelos de convivencia”, esto es, compartir piso con otras personas. La operación por parte de Far Home Group, que pone fin a décadas de historia, se materializó a mediados del año pasado: las excavadoras entraron en la parcela y, en cuestión de semanas, el solar quedó reducido a escombros. Sobre el terreno ya nada queda en pie, solo un vacío que resume el cambio de ciclo de Es Coll d’en Rabassa. El derribo del antiguo cine, sin embargo, no es un episodio aislado, sino una escena más dentro de un fenómeno mayor: el debilitamiento de los mecanismos de protección del patrimonio urbano en Palma. En los últimos años, la ciudad se ha visto atrapada en un limbo urbanístico tras el decaimiento del Plan de Ordenación Detallado (POD), el documento que desarrollaba el Plan General y que, en la práctica, servía de paraguas para blindar edificios singulares. Aunque a finales de 2023 el Ayuntamiento, gobernado por PP y Vox, anunció que vetaría el derribo de los 350 inmuebles catalogados por su valor histórico o arquitectónico, la presión inmobiliaria no cesa de sobrevolarlos. Otro solar vacío en Es Coll d'en Rabassa El horno, amenazado por la presión inmobiliaria Precisamente, a medio centenar de metros del solar donde se ubicaba el cine Nou, otro edificio resume esta tensión entre memoria y mercado. Se trata del antiguo horno d’Allà Dalt, el más antiguo de la barriada, una construcción ligada al pasado rural del Coll d’en Rabassa que explica cómo se trabajaba y se organizaba el territorio antes de la expansión inmobiliaria. A finales del pasado mes de noviembre, una promotora presentó ante el Consistorio una propuesta de demolición del edificio para la construcción de 12 viviendas, como informó Diario de Mallorca y han confirmado fuentes municipales a elDiario.es, que precisan que, en su momento, la estructura tenía una calificación de tipo ambiental, pero ésta se diluyó con el vacío legal que dejó el POD. La Comisión de Centro Histórico (CCH) votó la propuesta de forma favorable y por unanimidad, siempre y cuando se solicitase un estudio histórico y que la actuación se supeditase a lo reflejado por el mismo. Los vecinos lamentan la pérdida de este tipo construcciones, pero también la de los tradicionales locales que daban vida a la barriada. “Aquí, las grandes superficies han hecho daño a los pequeños comercios, que han tenido que cerrar”, lamenta Juana. “Ya no hay nada. Estaban los dos hornos de la plaza y los dos han tenido que cerrar”. Sí sobrevive la panadería-pastelería Mir, un negocio familiar de más de medio siglo que continúa elaborando de forma artesanal todos sus productos, en especial la ensaimada. Fue fundada en 1971 por Pedro Mir Gomila junto con su mujer, Catalina Homar. Aquí, las grandes superficies han hecho daño a los pequeños comercios, que han tenido que cerrar. Ya no hay nada. Estaban los dos hornos de la plaza y los dos han tenido que cerrar Joana — Vecina del Coll d'en Rabassa Fachada de la panadería-pastelería Mir, uno de los pocos negocios familiares que sobreviven en Es Coll d'en Rabassa. A la derecha de la imagen, el solar donde se ubicaba el Cine Nou Los vecinos señalan otro punto neurálgico de Es Coll d'en Rabassa: la Torre d’en Pau, una de las históricas fortificaciones de la bahía de Palma reconvertida, durante los años setenta, en lugar de actividades vecinales. “Fue utilizado por las asociaciones, que incluso montaron un bar ahí, con sus baños y todo”, recuerda Juana. La remodelación de este espacio -cuyo deterioro representa la distancia entre la vida comunitaria de antes y la Palma que avanza sin mirar atrás- lleva años sobre la mesa. La frustración vecinal, sin embargo, no nace solo del abandono del lugar, sino del laberinto burocrático y de la sensación de que las inversiones prometidas se evaporan: “Todavía estamos esperando. Cuando se hizo el FAN [centro comercial próximo] se nos prometió 800.000 euros a la barriada para reformar la Torre d’en Pau”. A raíz de la construcción de la gran superficie, el Ayuntamiento de Palma acordó destinar 800.000 euros de compensación urbanística a la restauración de la Torre y su adaptación para uso público, un proyecto largamente reclamado por asociaciones vecinales que veían en esta estructura un punto de encuentro cultural y social y una conexión con la historia del Coll d’en Rabassa. Sin embargo, esa inversión nunca se ha materializado en mejoras visibles para el barrio, y para muchos residentes se ha convertido en otro ejemplo de compromisos urbanos que quedan en papel mojado mientras la presión inmobiliaria y los intereses privados marcan el rumbo del barrio. “No sabemos dónde está ese dinero”, lamentan, mientras continúan mirando el terreno desnudo que ocupaba el antiguo cine. El silencio que queda tras el paso de las excavadoras pesa casi tanto como lo que se llevaron: no solo paredes y butacas, sino una forma de vivir el barrio que se deshilacha entre la memoria y el cemento.