Da vértigo escuchar las noticias. Hay pocos liderazgos sólidos y coherentes, se han pervertido ideales y faltan referentes positivos y estimulantes, en una realidad de hooligans y sectarismo donde necesitamos resetearnos y orientar de nuevo el rumbo. La población anda confusa. La incertidumbre general en la que vivimos de cambio de época, tampoco parece que ayude mucho. Y verdades que ya creíamos inmutables y estables son cuestionadas día sí y día también, como las normas del Derecho Internacional que se están convirtiendo en literatura fantástica para desgracia de todos. Pero aterrizando tras el ambiente festivo de varias semanas, cesados los estímulos ambientales, enero se percibe como un mes largo y frío. Y aquí estamos, en pie sobre la bicicleta, zigzagueando sobre el asfalto vamos escalando con esfuerzo y determinación el ecuador de este Tourmalet interminable en que se ha convertido la empinada cuesta de enero, tras un mes de gastos navideños y desequilibrio importante en los presupuestos familiares. A los regalos, comidas y celebraciones, homenajes propios y ajenos, eventos y ocio, hay que añadir el pago de las compras a crédito y plazos y el incremento de los gastos fijos de comienzos de año como seguros, impuestos, luz y otros que ponen a dieta involuntaria y estricta nuestra maltrecha cuenta corriente, a pesar de las rebajas. Siempre nos ocurre igual, y eso que tenemos experiencia, definida como el nombre que damos a nuestros errores según Oscar Wilde. No se apure, después de la cuesta siempre llega el llano.