Carlos Herrera desgrana en qué lugares tiene Trump el foco: Groenlandia, Venezuela e Irán

Siete de la mañana de un viernes 16 de enero que —ya nos ha contado Maldonado— sigue por dos días el mes: días tristones, fresquitos y pasados por agua. Hoy es una jornada donde va a hacer falta el paraguas, pues en buena parte de la Península habrá lluvias intensas, especialmente en el oeste: este de Galicia, Andalucía, Extremadura, etcétera, etcétera. También nieve en zonas altas de Castilla y León y Madrid. Y así vamos pasando la mañana, distrayéndonos como si fuéramos una neurona en la cabeza de Donald Trump. Donald Trump es presidente de Estados Unidos y, por lo tanto, tiene dentro de Estados Unidos muchísimas cosas de las que ocuparse, muy delicadas. Imagínense ese país, gobernarlo. Bueno, pero es que además, en las horas que ocupa su día, desde que se levanta hasta que se acuesta, se ocupa nada menos que de Venezuela, de Irán y de Groenlandia, decidiendo una cosa: “¿Intervengo en Irán? ¿No intervengo en Groenlandia?” La punta con Europa, y ahora quiere enviar más o menos un autobús de soldados a hacer unas maniobras a Groenlandia. Vamos, éramos más en la base del retén de ferrocarril que todos los que van a ir a Groenlandia, pero bueno. Y luego, por otra parte, tiene Venezuela para entretenerse, porque en Venezuela hace como una especie de presidente en la sombra. Le gusta mucho Delcy Rodríguez —dice que es muy bien mandada, porque la verdad es que es muy bien mandada— y ayer mantuvo un almuerzo con la líder opositora venezolana María Corina Machado, que fue un encuentro de perfil bajo. Estos detalles son detalles que se perciben si los analizas con un poco de lentitud. No vino María Corina invitada en coche hasta la puerta de la Casa Blanca, donde le esperaba Trump para recibirla, llevarla al Despacho Oval, darle de comer, agasajarla… No. Le hizo pasar los trámites de seguridad: llegar a la ventanilla, enseñar su pasaporte, pasar por la habitación donde están los perros ladrando —se lo digo porque he entrado en la Casa Blanca en un par de ocasiones y pasas por ahí— y fin. Y tiene su qué. Luego se reúnen en un almuerzo y no se hace ni se publica ninguna foto ni hay luego una rueda de prensa en los jardines ni nada parecido. Es una forma de decir: “Para mí la presidenta legítima de Venezuela es Delcy Rodríguez; a ti te pongo una cara y te agradezco mucho, además, que me hayas regalado la medalla del Premio Nobel”. Que yo no sé si es que habrá hecho una copia… Vamos, a mí me dan la medalla del Premio Nobel de la Paz y yo le encargo a un buen amigo joyero que me haga una copia exacta y las marcamos y se la damos a don fulano. Pues no, parece que le da la original. Eso le ha gustado mucho a Trump. Debió de durarle la piel de la medalla por ahí. Es maravilloso. El caso es que ha salido María Corina y ha tenido buenas palabras hacia Trump. Son estas: “Me impresionó mucho. Claro que está, como conoce la situación de Venezuela, como le importa lo que está sufriendo el pueblo de Venezuela, pueden tener la seguridad de que el presidente Trump se ha comprometido con la libertad de todos los presos políticos en Venezuela y con la libertad de todos los venezolanos”. Bueno, de momento, ¿con quién está Trump? Con Delcy Rodríguez. Aquí ha dicho que son las señas estupendas. La verdad es que Delcy Rodríguez está haciendo lo que en principio los norteamericanos esperan de ella. Veremos qué dura eso y veremos cómo evolucionan las cosas. Venezuela centró ayer la comparecencia del ministro Albares —“napoleón chiquitito”, según la jerga de Ramón Pérez-Maura— en un pleno extraordinario en el Congreso, tenso, con pocas sorpresas. Albares ha vuelto a condenar la intervención de Estados Unidos porque tiene unos socios a los que tiene que contentar. Unos socios, por cierto, la extrema izquierda, que se han opuesto a un comunicado de solidaridad con las mujeres iraníes y con los iraníes asesinados y torturados por el régimen de los ayatolás, del que son —Sumar, Podemos y compañía— tan partidarios. Porque, oigan, Irán no está solo en el mundo. Además de todos los piratas que mantiene por ahí, también está la extrema izquierda española, que es proayatolás iraníes, pero proayatolás absolutamente. Qué vergüenza. Bueno, la intervención más dura —como suele ocurrir en todo lo que tiene que ver con Venezuela— ha sido la de la diputada del Partido Popular Cayetana Álvarez de Toledo. “El Gobierno carga contra la intervención americana, pero a la vez se arroga sus efectos. Zapatero, libertador de presos… si no fuera obsceno sería cómico. Señor Álvarez, responda: ¿cuántos presos ha sacado Zapatero y cuántos ha contribuido a meter? Zapatero ha sido el gran blanqueador de la tiranía chavista”. Bueno, veremos cómo evoluciona todo el tema judicial sobre Rodríguez Zapatero y las relaciones con el régimen. Falta todavía mucho por aclarar en ese asunto.