Ya casi tenemos olvidada la última Navidad, pero en la política sigue la marimorena. Ande, ande ande, entre la financiación autonómica, el incentivo a la vivienda y las competencias vascas, Pedro Sánchez vive en un villancico, de remiendo en remiendo. Ahora se ha cosido por fin el de las transferencias pendientes a Euskadi, que amenazaban con un roto en su relación con el PNV.