Alicante no aparece en los cuadros de Hacienda cuando se habla de financiación autonómica, pero el resultado de la reforma se medirá, en la práctica, en un termómetro muy local: cuánto margen tiene la Generalitat para sostener y mejorar la sanidad, la educación y la atención a la dependencia en la provincia. La discusión no es solo un reparto de dinero entre territorios, es la capacidad real de sostener los servicios públicos que más pesan en la vida cotidiana.