Cristina Ybarra entrelaza pintura y literatura en la Fundación Gala de Córdoba

Los poemas de amor de Jacobo Cortines, los versos sobre el paso del tiempo o la belleza de Junichiro Tanizaki, los sonetos de Lope de Vega, la obra de Agustín de Foxá , o frases de Ruth Bell inspiran las 43 obras que Cristina Ybarra expone desde ayer en la Fundación Gala. La muestra, llamada precisamente 'Artes Entrelazadas', se puede visitar hasta el próximo 15 de febrero. «El nexo de unión entre la literatura y la pintura en estos cuadros se basa en guiños, en claves un poco escondidas, también en un latente sentido del humor, eso hace que las obras partan de la escritura pero vivan por sí solas», declaró la autora. «Mi obra tiene bastante influencia asiática, no entiendo bien por qué, con el uso del pan de oro o pan de plata, la representación de kois u otros animales icónicos o en peligro de extinción que en esa cultura representan la buena suerte y la fortuna», añadió Ybarra. «También me gusta incluir a Foxá, que ha estado denostado durante muchos años y que cuenta con obras maravillosas», explicó. Si bien el hilo conductor es la literatura, reflejada de forma sutil, los motivos son variados, aunque algunos recurrentes puedan ser precisamente los animales o las plantas y flores . «Al margen de ellos me gusta hacer una pintura valiente, salir de la zona de confort y aportar mi sello, mi estilo y mi gama cromática», comentó la autora. «El artista tiene la obligación de arriesgarse, de cambiar y de evolucionar, es decir, debe apostar por hacer una pintura honesta», prosiguió. «Utilizo mucho lo abstracto para mis fondos, y me gusta no dejarlo todo dicho, dejo para ello zonas más inacabadas o aparentemente deterioradas, hago chorreos o los diluyo, todo ello responde a una base técnica que a veces se olvida hoy en día», añadió Ybarra. Ella ha pintado la mayor parte de estas obras, salvo un desnudo, en el Palacio de los Portocarrero de Palma del Río , de cuya recuperación ha sido impulsora en un proceso que se prolonga durante las últimas cuatro décadas y restauradora -es la propietaria junto a su marido, Enrique Moreno de la Cova-. «Además de la literatura , estas obras tienen otro nexo de unión con el propio palacio, en él pinto en todos lados: en los patios, en la logia, incluso en la cocina, aunque haga un frío horroroso como ahora», indicó. La artista tiene en ese lugar también un estudio, aunque funciona sobre todo como galería. Las obras de la exposición cuentan con diversos soportes, entre ellos el papel, la madera o el lienzo. Una obra que quizá exprese bien la unión con el Palacio de los Portocarrero se basa en una de las especies que existen en el Museo Vivo de la Naranja que alberga este enclave monumental, la Choysia ternata , conocida como naranjo mejicano: «Esta especie imita al azahar, como una especie de trampantojo olfativo, algo que reflejo en esta exposición». La exposición que se acaba de inaugurar, en suma, trata de establecer un diálogo inteligente con el espectador basado en el simbolismo.