Rozaba la media mañana y las colas de jóvenes murcianos ya serpenteaban por la plata baja de la Nueva Condomina de Murcia. Hacían fila en febrero de 2024 frente a un austero mostrador, que escoltaba a una intrigante bola plateada, para conseguir un objetivo muy concreto: escanearse el iris a cambio de dinero.