El vuelo que partía este jueves desde el aeropuerto de Logroño-Agoncillo con destino Madrid-Barajas se convirtió en una jornada interminable para sus pasajeros. Lo que debía ser un trayecto de poco más de una hora terminó con un aterrizaje forzoso en Valencia, cuatro horas en autobús y varias reuniones, conexiones internacionales y vuelos perdidos por el camino. Según confirmó Aena a la agencia EFE, la mañana del jueves estuvo marcada por una baja visibilidad en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas debido a la densa niebla. Aunque el tráfico aéreo se mantuvo con normalidad en la mayoría de vuelos, el avión que cubría la ruta Logroño-Madrid, operado por Iberia, no pudo aterrizar al carecer del sistema de aproximación instrumental necesario para hacerlo con visibilidad reducida. Despegue con retraso y un viaje que se complica La historia comenzó poco antes de las 7:00 de la mañana, cuando los pasajeros embarcaron en el vuelo con destino Madrid, que debía aterrizar sobre las 8:50. Pero el despegue no se produjo hasta más de dos horas después, hacia las 9:15, tras varios avisos de la tripulación sobre la niebla en destino y la necesidad de “descongelar el avión” antes de partir, según relató una de las pasajeras, Eli Ilarraza. El retraso no fue lo peor. Una vez sobrevolando Madrid, la tripulación informó de que el avión no podía tomar tierra por la falta de visibilidad y finalmente fue desviado a Valencia, a unos 350 kilómetros del destino original. A su llegada a Valencia, los pasajeros esperaban una solución rápida, pero la compañía les informó de que la única opción era viajar en autobús hasta Madrid, un trayecto de más de cuatro horas. Algunos viajeros pidieron ser reubicados en otro avión, pero Iberia rechazó esa alternativa al pertenecer el vuelo disponible a otra compañía. “Nos ofrecieron un autobús, pero ni siquiera nos dieron una botella de agua”, lamentaba Ilarraza, que debía asistir a una reunión de trabajo en Madrid y dudaba de si podría regresar esa misma noche a Logroño. Unos dieciséis pasajeros aceptaron viajar por carretera, mientras que otros optaron por buscar alternativas por su cuenta, como desplazarse en tren desde Valencia hasta Madrid. Entre las afectadas también estaba Pilar Ruiz de la Torre, quien perdió su vuelo internacional a Estados Unidos. Debía viajar desde Madrid hasta West Palm Beach (Florida) con escala en Chicago, en un vuelo de Iberia que despegaba a las 12:00 horas. Ruiz de la Torre explicó que, aunque su vuelo intercontinental era también con Iberia, no pudo enlazarlo oficialmente con el trayecto Logroño-Madrid, lo que complicó su reubicación. Antes de aterrizar en Valencia, logró hacer el ‘check in’ online e incluso obtuvo un asiento asignado, pero acabó varada en el Levante sin confirmación sobre si podría volar más tarde a Estados Unidos, donde reside por temporadas junto a su familia. Las dos viajeras coincidieron en señalar que durante toda la jornada no recibieron atención ni compensación alguna por parte de la aerolínea. “Solo pudimos parar con el autobús cerca de Albacete para ir al baño y comprar algo de comer”, relataban con resignación. El aeropuerto de Logroño-Agoncillo opera con un número reducido de vuelos comerciales, principalmente con destino Madrid, y depende de las condiciones meteorológicas tanto en salida como en llegada. El avión de Iberia afectado carecía del sistema de aterrizaje instrumental (ILS) de categoría suficiente para operar con niebla densa, una tecnología que sí está disponible en otras aeronaves, lo que explica por qué otros vuelos pudieron aterrizar sin incidentes en Barajas. El sistema antiniebla de un avión, conocido como ILS (Sistema de Aterrizaje por Instrumentos), es una ayuda de navegación de alta precisión que permite a los aviones aterrizar de forma segura con baja visibilidad (niebla, lluvia, nieve) usando señales de radio para guiar al piloto tanto lateralmente (en la pista) como verticalmente (en la trayectoria de descenso) hasta tocar tierra, mostrándole una cruz en la pantalla que debe mantener centrada para seguir la senda correcta. ¿Cómo funciona? Componentes terrestres: El sistema ILS se instala en el aeropuerto y consta de dos transmisores principales: Localizador (Localizer): Emite señales de radio que indican la línea central de la pista (guía lateral).Sendero de planeo (Glide Slope): Emite señales para indicar el ángulo de descenso correcto (guía vertical).Receptores a bordo: El avión tiene receptores que captan estas señales y las traducen en indicadores visuales en la cabina.Guía para el piloto: El piloto observa la cruz en su pantalla: Si la barra vertical sube o baja, indica si debe ascender o descender para seguir el sendero de planeo.Si la barra horizontal se mueve a izquierda o derecha, indica si debe girar para alinearse con la pista.Aterrizaje Automatizado (CAT III): Los sistemas más avanzados (Categoría III) permiten aterrizajes con visibilidad casi nula, donde el piloto automático sigue estas señales para realizar toda la aproximación y el aterrizaje sin intervención visual directa, aunque se requieren inversiones importantes en infraestructura y pilotos con certificación especial. El jueves terminó con decenas de pasajeros llegando a Madrid entrada la tarde, tras un viaje que se alargó casi diez horas en total. Una jornada que deja en evidencia las limitaciones del aeropuerto riojano y la necesidad de mayor coordinación entre aerolíneas y aeropuertos para evitar que un simple banco de niebla acabe convirtiéndose en una odisea aérea.