Admitamos que Al final de la escapada (1960) fuera el verdadero comienzo de la Nouvelle Vague, como Richard Linklater quiere hacernos creer; demos crédito a la colección de lugares comunes como los que wikipedia desglosa y que Linklater recrea en esta película y festejemos que el más afrancesado de los cineastas yanquis parece decidido a ¿homenajear? al más europeo de los cineastas franceses del siglo XX. La suma de todo ello revalida la percepción de que los norteamericanos sienten vértigo cuando miran a la historia. Lo suyo, como decía Ford de Hollywood, se debe a la leyenda. Mejor todavía, se bebe la leyenda con sed bíblica y hambre de metáforas.