El templo parroquial de Santa María, en La Santa Espina, ha sido objeto de un ataque profanador hace unas semanas. Según ha informado la Diócesis, el Sagrario fue violentado y las formas consagradas fueron sustraídas, un "agravio" que ha impulsado a la comunidad a realizar un acto de desagravio y a una profunda reflexión. Desde la Diócesis se barajan varias hipótesis sobre qué puede haber detrás de un acto como este. Se apunta, por un lado, a la ignorancia sobre el significado del Cuerpo de Cristo, o a la superficialidad de una fe vivida como un simple rito externo. Por otro lado, se contempla la posibilidad de un agravio más profundo, un ataque deliberado procedente del misterio del mal, lo que los Padres de la Iglesia definían como "la fe de los demonios": saber que Jesús está presente en la Eucaristía pero actuar con intereses perversos. Como respuesta, la comunidad diocesana ha recibido una triple llamada. La primera es la de anunciar y testimoniar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, recordando que el Señor "está realmente en el Sagrario". La segunda vía de desagravio se centra en romper con la mediocridad y cuidar la liturgia. "Quizás, un desafío mayor para nuestras comunidades cristianas está en romper la superficialidad", señalan desde la Diócesis. Se insiste en la importancia de cuidar los signos, el valor del silencio y la adoración a la presencia del Señor, así como los gestos y la disposición al comulgar para que la propia comunidad ayude a otros a comprender que "ahí pasa alguien". Finalmente, para responder a la "fe de los demonios", se llama a unir Eucaristía y vida. La Diócesis advierte que "mal desagravio haríamos si cuidamos mucho lo que ocurre en el templo y, luego, descuidamos esas otras formas de presencia". Este llamado implica reconocer a Cristo en los hermanos, especialmente en "los empobrecidos, en los solos, en los tristes", y transformar la vida en un ejercicio de caridad, como lavar los pies a los hermanos. Este compromiso con la caridad se vincula directamente con la campaña de Manos Unidas que comienza estos días. Se propone unir la Eucaristía con una lucha activa contra las causas del hambre, declarando, como dice el lema de este año, la guerra al hambre. En definitiva, el desagravio se concreta en tres acciones: anunciando el Evangelio, cuidando la liturgia y ejercitando la caridad.