Adolfo Mexiac fue un artista que con buril en mano no solo cincelaba cobre, sino que liberaba el rugido silenciado de campesinos michoacanos, el eco de balas en Tlatelolco y la furia antifascista contra imperios que devoran soberanías. Así llega Adolfo Mexiac y su tiempo al Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis, un homenaje que reúne 348 piezas entre grabados punzantes, pinturas vibrantes, fotografías crudas del movimiento estudiantil de 1968, dibujos íntimos, tapices tejidos con memoria, carteles incendiarios y libros que sangran historia.La exposición estará abierta del 17 de enero al 30 de abril con entrada libre. Se trata de un pulso, un recorrido cronológico y temático por el México de la posguerra, donde Mexiac, visionario muralista y grabador, tejió su obra con las hebras de luchas olvidadas, explica en entrevista exclusiva, Alejandro Brito, director del museo.La exhibición revela no solo al maestro del grabado, sino a un alma integral que danzó entre técnicas, como el óleo ardiente, la cerámica terrosa, el textil comunitario, para denunciar la miseria y encender conciencias. En tiempos de reformas laborales y tensiones geopolíticas, sus imágenes gritan con urgencia “pues él fue un visionario”.El germen de esta iniciativa late en una donación conmovedora, como cuenta Brito con voz cargada de gratitud: “El núcleo de la exposición es la donación que hace la artista Patricia Salas, su viuda, de un acervo de grabados que realizó Mexiac en los años 50 y 60 para la Confederación de Trabajadores de México, la CTM, publicadas en los órganos de difusión de esa central. La donación fue de 545 y nosotros estamos exponiendo una muestra de ellos.“Patricia Salas, impulsora de homenajes previos al Museo Nacional de la Estampa, enriquece el legado de Carlos Monsiváis, admirador ferviente del Taller de la Gráfica Popular, del que Mexiac fue pilar. Exhibiendo placas originales, impresiones en vinilo y piezas inéditas. La muestra desentraña el ritual sagrado del grabado: la incisión profunda, el ácido que muerde como la injusticia, el resultado final que late con calidad excepcional”.Con raíces en una aldea michoacana, Mexiac nunca renegó de su origen. Fue un campesino que venía de una localidad muy pequeña en ese estado y jamás olvidó eso, siempre tuvo una relación y mucho interés con este mundo rural. Desarrolló sus obras siendo parte del Taller de la Gráfica Popular y del Instituto Nacional Indigenista, fue así como ilustraciones didácticas para comunidades indígenas cobraron vida, al igual que fotografías inéditas que capturan la dignidad rural, rostros curtidos por el sol, campos infinitos, almas indígenas que miran desafiantes. Estas imágenes, usadas para potenciar su grabado, trascendieron como expresión autónoma, evocando un dolor palpable y una esperanza tenaz.Contra el imperialismo“El corazón emotivo late en el 68, donde Mexiac no fue espectador, sino forjador de rebelión. Estuvo muy presente en el movimiento estudiantil, también se solidarizó con los estudiantes y de una manera activa participó creando gráfica para el movimiento”, comenta Brito. “Su famoso grabado ‘Libertad de expresión', en el que representa a un indígena amordazado por cadenas, nacido contra el imperialismo yanqui, se viralizó en calles ensangrentadas, retomado por estudiantes como himno propio. Esa es una de sus obras más icónicas, realizada años antes, aunque en el 68 los estudiantes la retomaron como propia y se difundió masivamente ese año. En su taller se imprimieron volantes y carteles en favor del movimiento”.La madurez de Mexiac despliega óleos apasionados, acuarelas etéreas, textiles que abrazan la tradición y cerámicas que narran tierra. Influido por José Chávez Morado, su faceta muralista brilla en un boceto de códice tallado, en el monumental San Lázaro. "Incluimos un boceto del mural, porque otra de las facetas de Adolfo Mexiac fue como muralista", revela Brito para completar un retrato integral.Afirma que sus grabados para la CTM resuenan como profecías actualmente: “Son piezas que tienen la intención de crear conciencia desde la denuncia de la explotación, de la miseria, del hambre, de la pobreza y de apoyo a causa sociales, por eso su obra tiene vigencia: la semana laboral de 40 horas, que será gradual desde este año; la defensa del petróleo y el rechazo a intervenciones, como ahora en Venezuela. Con su arte él clamaba por la soberanía de los pueblos”.El director del Museo del Estanquillo asegura que Mexiac estaba muy comprometido con lo que sucedía en la política tanto a nivel nacional como internacional: “Con la sensibilidad que tenía, denunció y se alzó con su obra en una suerte de agitación. Contra la dominación yanqui, Mexiac lanzó mensajes masivos porque sabía que el arte agitaba almas.Al cerrar el recorrido de la exhibición, el visitante se llevará una imagen más integral del trabajo del artista y además podrá relacionar la actualidad con muchos de sus grabados.Como dice Brito: “Adolfo Mexiac y su tiempo es un llamado emotivo en el Estanquillo a valorar su legado histórico”.El Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis se ubica en Isabel La Católica 25, esquina Madero, Centro Histórico. La entrada es gratuita.BSMM