"Estamos experimentando los cambios más drásticos, sádicos y brutales": migrante, sobre la era Trump

Cuando la mujer de cabello chino y piel morena voltea a ver su diploma que la acredita como profesora normalista, suspira."Es mi diploma del cual estoy más orgullosa, aparte de ser abogada, pero eso fue algo que mi madre me dio con su esfuerzo de ser costurera. Ella puso mi escuela y mis hermanos me ayudaron", cuenta a MILENIO Susana De León, abogada migratoria basada en Minneapolis.El invierno golpea a Minnesota, el estado al que llegó hace 40 años desde Torreón, Coahuila, México, para estudiar una carrera universitaria en la escuela de leyes y así, ayudar a las personas más vulnerables.Pero aún más fuerte, golpea la migra. Es la segunda semana de enero de 2026 y la administración de Donald Trump mantiene un despliegue operativo de agentes migratorios en algunas de las ciudades más importantes, como Minneapolis y Saint Paul.“Estudié en México para ser maestra, soy normalista a mucha honra, y aquí en los Estados Unidos estudié la universidad y la escuela de leyes.“Yo vine a los Estados Unidos porque quería hacer algo que fuera significativo en mi vida, y sentí que para ello necesitaba migrar”, agrega De León, nacida en El Vergel, en Coahuila, una región junto al Río Nazas, donde, recuerda, a veces sufrían inundaciones debido al crecimiento del caudal."Debo trabajar para mi comunidad": así se convirtió en abogadaSu casa no tenía tuberías. Vivía con su madre, su padre, sus hermanos, sus tíos y tías y su abuela en dos cuartos que se dividían por un solo pasillo. Los fines de semana y las vacaciones las pasaban en un rancho familiar con su madre. Su abuela, quien solo había estudiado hasta sexto de primaria, era la maestra de El Vergel. A comparación con otros niños, jóvenes y adultos, era la persona con más preparación en kilómetros a la redonda. Eventualmente, sus tíos también se convirtieron en maestros. La docencia corría por las venas de la familia.“Cuando yo era chica quería ser maestra porque yo nada más veía maestros a mi alrededor, y cuando fui creciendo quería ser abogada o quería ser ingeniera, pero no teníamos los recursos”.Ya más grande, el padre de Susana De León, un cartero, pudo comprar una casa del centro de Torreón. Creció, entre otros trabajadores, en una zona popular obrera.La mujer, que forma parte del equipo de abogados De León & Néstor, LLC, comienza a tener recuerdos de otras escaladas anteriores que tenían como blanco a la comunidad migrante, entre la que hay muchos de sus paisanos, mexicanos que solo buscan trabajar y llevar algo de dinero a sus familias.“Yo quería ser abogada y mi mamá me dijo 'hija, cuando ya seas maestra tú puedes pagar la escuela para ser abogada'. Al principio pensé que quería defender a las personas que tenían discapacidades, porque trabajé con ellas y veía cómo el sistema abusaba de ellas.“Pero cuando comenzaron las redadas en los años 90, aquí en la calle Lake, contra las personas que trabajaban procesando carne, la indignación fue tan grande para mí que dije 'no, yo debo trabajar con mi comunidad y debo trabajar en asuntos de migración, y debo aprender cómo defender a mi comunidad'”, cuenta a MILENIO desde su despacho en la avenida Cedar.El segundo recuerdo, dice brevemente, es de las redadas del presidente George W. Bush en 2006, cuando el republicano se obsesionó con perseguir a los migrantes en su país.Migrantes buscan ayuda cuando es muy tardeMientras Susana habla, en las calles de la ciudad, de vez en cuando, se escuchan decenas y hasta cientos de silbatos. Son vecinos que, en una muestra de su capacidad de organización, y al estilo de otras ciudades como Chicago, en Illinois, decidieron hacer frente al Servicio de Migración y Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza, en su cacería de migrantes.“En este momento estamos experimentando los cambios más drásticos, más sádicos, y más brutales que hemos visto en todo el tiempo que yo he estado ejerciendo mi profesión”, apunta, sin dudar.Con 25 años de experiencia representando migrantes, y unos 30 dentro del activismo, confiesa que la educación como normalista en una escuela rural en México sembró en ella el ideal de justicia.“Ese fue mi camino para entender lo que pasa en las comunidades, puesto que, en las normales, especialmente cuando vas a ir a trabajar para una normal rural, aprendes a hacer todo para la comunidad. Aprendes a ser el abogado, el ingeniero, el que aboga por esas comunidades.“Yo creo que mi preparación en la escuela me dio esa gran base: justicia para todos y también educación para todos, cuidado para todos”, expresa desde su escritorio, donde al mismo tiempo se prepara para oleada tras oleada de migrantes que llegan buscándola por asesoría legal.Pero la mayoría de los migrantes buscan ayuda cuando es demasiado tarde, una vez que fueron arrestados y enfrentan una deportación inminente.“Más que nunca le pido a todos los que me estén escuchando, que deben de buscar ayuda anticipada. Que deben hablar con un abogado para saber cuáles son sus derechos, porque cada persona tiene una vida distinta, y van a aplicar diferentes leyes y los recursos van a ser diferentes también”, dice sobre lo que sucede en Minnesota.La abogada explica que, cuando una persona es arrestada y ya cuenta con un abogado, puede lograr en las valiosas horas, antes de una deportación, bloqueos legales para incluso salgan bajo fianza.Operativos del ICE derivan en enfrentamientosDías antes de la charla, un agente del ICE disparó fatalmente a Renee Good, una ciudadana estadunidense que formaba parte de grupos de vigilantes ciudadanos que se organizan para alertar de la presencia de la migra y, cuando pueden, hacerles la vida imposible.Minneapolis se convirtió en un polvorín en el que todos los días se registran encuentros entre los agentes migratorios mientras hacen sus redadas y decenas de ciudadanos que los interceptan, los insultan y hasta se burlan de ellos. “Shame (vergüenza)”, les gritan hasta el cansancio.ICE responde con empujones y con gas lacrimógeno, con sus armas largas en los hombros.“Tienen billones de dólares, para pelear en contra de una comunidad que tiene silbatos, ellos tienen armas, nosotros tenemos pancartas”, dice Susana De León.“Está ocurriendo porque estos agentes han causado un terror, han causado un caos, y están actuando de una manera deliberadamente ilegal”.Aun, como abogada, no recuerda que primero fue mexicana. Y migrante. Que su color de piel y el cómo luce, la siguen poniendo como un blanco potencial para un arresto de agentes migratorios, aunque cuente con la ciudadanía estadunidense.“Migré, trabajé como todos. He cuidado niños, he limpiado casas, he cuidado ancianos, he hecho muchas cosas para salir adelante, y dentro de esos trabajos conocí personas que estaban huyendo de El Salvador por la guerra civil; conocí personas que venían de Guatemala; personas mayas y quiché que sufrieron en el Altiplano, que fueron víctimas de genocidio.“La educación no te cae en un momento, sino es algo que vas acumulando y vas entendiendo en que mundo estás”, concluye.ksh