El Vaticano impulsa la renovación de la Iglesia: "Es un momento apasionante y de enorme belleza"

La Diócesis de Huesca recibe la visita de monseñor Luis Marín de San Martín, subsecretario de la Secretaría General del Sínodo, el organismo vaticano que coordina el gran proceso de transformación que vive la Iglesia católica. Invitado por el obispo de Huesca, su presencia tiene como objetivo ayudar a comprender este momento decisivo y, al mismo tiempo, conocer de cerca la realidad de las iglesias locales. "El visitar a las diócesis significa también desarrollar parte de la tarea que el Papa nos ha encomendado", ha explicado Marín de San Martín, quien coordina este proceso desde Roma. Durante su intervención, el subsecretario del Sínodo ha desgranado el significado profundo de la sinodalidad. Lejos de ser un mero ejercicio de reflexión, ha afirmado que "fundamentalmente se orienta a la coherencia, a ser de verdad la iglesia de Jesús". Este camino, ha detallado, se sostiene sobre tres pilares: vivir la comunión como familia de Dios, asumir una corresponsabilidad diferenciada según la vocación de cada uno y orientarse decididamente hacia la misión y la evangelización en el contexto actual. Este proceso implica una profunda conexión con la realidad. "Tenemos que tener en cuenta siempre que el evangelio se encarna, entra en la historia", ha señalado. Por ello, ha insistido en la necesidad de que los cristianos aprendan a "leer los signos de nuestro tiempo" para llevar el evangelio a la vida concreta, dando respuesta a los retos y exigencias del mundo actual. Se trata, en sus palabras, de "ser fragmento de esperanza en tiempo". Es una dimensión activa, porque "el evangelio se vive, se vive, no solamente se teoriza sobre él, sino que se vive y se desarrolla en nuestras coordenadas espaciotemporales". Uno de los ejes centrales del proceso sinodal es la escucha. Monseñor Marín de San Martín ha sido tajante al respecto: "Se trata de escuchar a todos, no solamente a algunos". El objetivo de esta escucha generalizada es el discernimiento, es decir, "poder saber qué nos pide el Señor como cristianos en este momento". Este ejercicio de escucha mutua es lo que permite "caminar juntos", un concepto que se traduce en ayudarse, comprenderse, apoyarse y enriquecerse unos a otros con la vista puesta siempre en la misión. El subsecretario ha querido dejar claro que el Sínodo no es un debate teórico, sino una llamada a la acción. "Estamos en esta fase de aplicación de lo que es las decisiones del sínodo", ha confirmado. Ha subrayado que no se imponen "recetas universales", sino que se promueve un discernimiento en cada iglesia local. Cada diócesis debe concretar cuáles son sus prioridades, qué organismos potenciar y qué aspectos desarrollar. Por ello, ha hecho un llamamiento a la "implicación" de todos los fieles. En esta línea, ha destacado el carácter inclusivo de la Iglesia, que se define como "una casa de puertas abiertas para todos". El Sínodo, por tanto, no solo quiere escuchar a quienes ya participan activamente, sino también a quienes se encuentran "fuera, a las periferias". Según ha manifestado, "todos son bienvenidos si quieren", extendiendo la invitación a un diálogo amplio que busque la cercanía con la realidad social del día a día. El Sínodo aborda desde los grandes temas, como el papel de la Iglesia con la inmigración o los más desfavorecidos, hasta los nuevos desafíos, como la cultura digital. Sobre este último punto, ha resaltado la importancia de encontrar "nuevos lenguajes para ser comprensible". En este sentido, ha puesto en valor la "extraordinaria labor" del sínodo digital, que ha permitido contactar con "muchísimas personas" y "evangelizadores en red" para explorar cómo concretar el mensaje cristiano en la actualidad. Frente a posibles inercias o visiones negativas, el mensaje de Luis Marín de San Martín es de profundo optimismo. Ha calificado el momento actual como "apasionante" y "muy bonito", un tiempo de "renovación, de esperanza, de creatividad". Uno de los objetivos de su visita a Huesca es precisamente "contribuir a disipar en los corazones, si es posible, el pesimismo". Con firmeza, ha sentenciado: "No debemos ser pesimistas nunca". Finalmente, ha reiterado que este es un momento en el que todos los cristianos —"laicos, como sacerdotes, como religiosos"— deben ser conscientes de su "propia responsabilidad". La riqueza de la Iglesia, ha concluido, se manifiesta en su diversidad, desde la universalidad de Roma hasta la particularidad de una diócesis pequeña como la de Huesca. Su visita busca ser un impulso para que la comunidad local se implique activamente en este "momento de implicación y de enorme belleza" que representa el Sínodo.