Ahí está. Perfectamente visible en la imagen, una especie de 'barra' roja, una alargada nube hecha de hierro y atravesando de parte a parte una de las nebulosas más conocidas y mejor observadas por los científicos. Parece increíble que, a estas alturas, el cielo nocturno todavía sea capaz de sorprendernos incluso en los lugares que creíamos conocer mejor. Pero ha vuelto a suceder. Un equipo de astrónomos europeos, liderados por investigadores del University College de Londres y la Universidad de Cardiff, acaba de descubrir la misteriosa estructura que aparece en la fotografía de arriba. Aún no saben exactamente lo que es, ni por qué está ahí, pero está formada por átomos de hierro y tiene una masa similar a la de Marte. Y, sobre todo, absolutamente nadie había notado su presencia hasta ahora. La Nebulosa del Anillo (también conocida como Messier 57 o NGC 6720) es sin duda uno de los objetos más y mejor observados del firmamento. Situada en la constelación de Lyra, a unos 2.600 años luz de la Tierra, es esa colorida y brillante concha de gas que aparece en casi cualquier libro de astronomía y que incluso el telescopio espacial James Webb ha retratado recientemente con todo lujo de detalles. Sin embargo, ha sido desde tierra, y gracias a un nuevo instrumento instalado en el Telescopio William Herschel (en las Islas Canarias), como se ha revelado este secreto que, literalmente, estaba oculto a plena vista. Y no se trata de algo pequeño. Lo que los científicos han encontrado y descrito en un artículo recién publicado en ' Monthly Notices of the Royal Astronomical Society' es una nube de átomos de hierro ionizado con forma de franja o barra y que atraviesa el interior de la nebulosa de parte a parte. Su longitud es aproximadamente 500 veces la distancia que hay entre el Sol y la órbita de Plutón. Y además, según los cálculos del equipo, la masa total de ese hierro es comparable a la de todo el planeta Marte. El hallazgo ha supuesto una sorpresa descomunal. Es como si, después de haber visto miles de fotos del Coliseo de Roma, una nueva cámara permitiera de repente observar una enorme estructura que nadie había visto antes atravesando la arena. Roger Wesson, autor principal del estudio, no oculta su asombro: «Cuando procesamos los datos y nos desplazamos por las imágenes, hubo una cosa que saltó a la vista con total claridad: esa 'barra' de átomos de hierro ionizado, hasta ahora desconocida, justo en medio del familiar e icónico anillo». ¿Cómo es posible que no hayamos visto antes algo así? La clave reside en el instrumento utilizado: el espectrógrafo WEAVE (Wide-field Spectroscopic Explorer), instalado en el Telescopio William Herschel del Grupo Isaac Newton, en el Observatorio del Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma. En concreto, los investigadores utilizaron un modo de observación llamado LIFU (Large Integral-Field Unit), que emplea un haz de cientos de fibras ópticas y que permite una vista detallada de la composición, movimiento y evolución de todo tipo de objetos celestes. A diferencia de los métodos tradicionales, que suelen analizar la luz de un solo punto, esta tecnología permite obtener 'espectros' (la descomposición de la luz en sus colores o longitudes de onda, como un código de barras químico) de toda la nebulosa al mismo tiempo. «Aunque la Nebulosa del Anillo ha sido estudiada con muchos telescopios e instrumentos diferentes -explica Wesson-, WEAVE nos ha permitido verla de una forma totalmente nueva». Al obtener un mapa químico completo y continuo, la barra de hierro simplemente 'apareció' ante sus ojos. La Nebulosa del Anillo fue descubierta en 1779 por el francés Charles Messier y es lo que los astrónomos llaman una 'nebulosa planetaria'. Es decir, el cadáver espectacular de una estrella similar a nuestro Sol. Hace unos 4.000 años, esa estrella agotó su combustible nuclear, se hinchó hasta convertirse en una gigante roja y finalmente expulsó sus capas externas al espacio, creando esa cáscara brillante de gas. En el centro quedó una enana blanca, un 'rescoldo' estelar que se enfría lentamente. En esencia, la nebulosa es una visión del futuro que le espera a nuestro propio Sistema Solar dentro de unos miles de millones de años. ¿Y qué pinta ahí esa 'barra' de átomos de hierro? En su artículo, los autores admiten su desconcierto y declaran abiertamente que desconocen cuál pudo ser el origen de la estructura. Aunque barajan dos hipótesis. La primera sugiere que la barra podría revelarnos algo nuevo sobre cómo la estrella moribunda expulsó sus capas de gas, un proceso dinámico que aún no comprendemos del todo. Pero la segunda opción es mucho más inquietante: el hierro podría ser lo que queda de un antiguo planeta rocoso después de ser vaporizado. Es decir, podríamos estar viendo los restos fantasmales de un mundo que fue atrapado y destruido durante la expansión de la estrella. «Definitivamente, necesitamos saber más -asegura por su parte Janet Drew, coautora del estudio-. Particularmente, si hay otros elementos químicos que coexistan con el hierro recién detectado, ya que eso nos diría qué tipo de modelo es el correcto. Ahora mismo, nos falta información». Para resolver el enigma, el equipo ya planea llevar a cabo nuevas observaciones más detalladas, y también 'echar un vistazo' a otras conocidas nebulosas. Como señala Wesson, «sería muy sorprendente si la barra de hierro en el Anillo fuera única». Si logran encontrar estructuras similares, podríamos estar ante una nueva pieza fundamental para entender cómo mueren los sistemas solares y de dónde vienen los elementos pesados de los que todos estamos hechos. Mientras esperamos la solución a este nuevo enigma científico, lo único que podemos hacer es seguir sorprendiéndonos con la capacidad del Universo para maravillarnos. En palabras de Scott Trager, científico del proyecto WEAVE, «el descubrimiento de esta estructura fascinante y desconocida en una joya del cielo nocturno, amada por los observadores de todo el hemisferio norte, demuestra las increíbles capacidades de nuestros instrumentos». La caza de nuevos misterios no ha hecho más que empezar.