El Barça está en un gran momento. Venía de ganar la Supercopa, lleva cuatro puntos de ventaja en la Liga y la semana próxima vuelve la Champions. Llevaba diez partidos seguidos ganando, ahora once, y la dinámica de juego en buena. Ante una ronda de octavos de final de la Copa del Rey se podría pensar que Flick aprovecharía para dar algún descanso viniendo de lo que vienes y mirando a lo que vas, pero no. Sale la convocatoria a media mañana y va con todo lo que tiene. Ves por la tarde el once inicial y saca siete titulares y medio. Y se guarda artillería en el banquillo por si acaso. La plantilla capta el mensaje y responde con un partido muy serio, con una gran actitud ante un rival que te obligó a sacar lo mejor para pasar la eliminatoria. Había intriga por saber quién ocuparía la portería. Podía jugar Ter Stegen que ya lo hizo en Guadalajara. Podía dar la oportunidad a Szczesny que pinta que no volverá a jugar salvo necesidad imperiosa. O podía optar por el número uno, Joan García. Ninguna concesión, el mejor en el campo. El partido le dio la razón porque Joan salvó al equipo del empate del Racing al taparle con una mano descomunal un disparo a Lozano en un claro uno contra uno en el tiempo de descuento. Además le mandó un mensaje definitivo a Ter Stegen, si quiere jugar tendrá que buscarse una salida. La decisión es suya. Quedan quince días de mercado. También había ganas de ver a Marc Bernal desde el principio. Está sobre la mesa una posible salida cedido al Girona. Las condiciones del chaval están ahí. Cómo se mueve, cómo se perfila, lo fácil que ve el fútbol. Pero le falta ritmo, todavía ejecuta algo lento. Le falta un punto para recuperar la versión del jugador que nos enamoró al inicio de la pasada temporada. Es normal, ha sido un año sin jugar. A Flick le encanta y le va a ir dando minutos a poco que pueda pero no serán tantos como los que tendría en Girona, veremos. Se quedó sin jugar Cancelo porque el partido no dio tregua, hasta el punto de que Flick no dudó en sacar a Pedri, Raphinha y Lewandowski para el arreón final. Flick se lo toma todo muy en serio.