Más de cuatro décadas después de que 'Every Breath You Take' se convirtiera en un himno global, el legado de 'The Police' vuelve a ocupar titulares por motivos muy distintos a la música. El foco está puesto en una disputa judicial que enfrenta a Sting con sus excompañeros Andy Summers y Stewart Copeland, y que reabre un debate tan actual como espinoso: cómo se reparten hoy los derechos de autor en la era del streaming. El conflicto estalló a finales de 2024, cuando Summers y Copeland presentaron una demanda contra el compositor principal del grupo por «daños y perjuicios sustanciales». Su argumento central es que durante años habrían percibido menos regalías de las que les corresponderían por la explotación digital del catálogo de la banda. En concreto, reclaman una compensación que podría oscilar entre los dos y los diez millones de euros en concepto de «honorarios de arreglista» por canciones clave del repertorio, entre ellas Roxanne y la propia Every Breath You Take. Esta semana se produjo un primer movimiento relevante en el Tribunal Superior de Inglaterra y Gales. El abogado de Sting confirmó ante el juez que el músico ha abonado ya unas 600.000 libras —cerca de 700.000 euros— a sus antiguos compañeros desde que se inició el litigio, al reconocer la existencia de «ciertos infrapagos históricos». Una cantidad que, aunque significativa, está lejos de satisfacer las pretensiones económicas de Summers y Copeland y no pone fin al proceso, que sigue pendiente de juicio. El origen del desencuentro no es nuevo ni improvisado. Se remonta a los acuerdos internos que la banda firmó desde finales de los años setenta y que fueron revisados en distintas ocasiones, la última en 2016. Según esos pactos, el autor de cada canción cedía un 15% de los ingresos por derechos de autor al resto de miembros del grupo. El problema surge al trasladar esa fórmula a un escenario que, en el momento de firmarse, apenas existía: el de las plataformas digitales. Para Summers y Copeland, los ingresos «mecánicos» deben incluir tanto las descargas como el streaming, hoy principal vía de consumo musical. Sting, por el contrario, sostiene que aquellos acuerdos se referían exclusivamente a la fabricación y venta de soportes físicos —vinilos o casetes— y que la reproducción en plataformas debe considerarse «actuación pública», no venta. Dos lecturas opuestas de un mismo texto contractual que ahora deberá dirimir la justicia británica. Los abogados del guitarrista y el batería han solicitado permiso para introducir nuevos argumentos y pedir que los acuerdos se reinterpreten a la luz de la transformación radical de la industria musical. La defensa de Sting, en cambio, insiste en que el pacto de 2016 limita expresamente el reparto a los ingresos derivados de la manufactura de discos, excluyendo el entorno digital. La dimensión del caso se entiende mejor con las cifras sobre la mesa. 'The Police' vendió más de 75 millones de discos en su breve pero intensa trayectoria, y hoy supera los 50 millones de oyentes mensuales en Spotify. 'Every Breath You Take' ha rebasado los 3.000 millones de reproducciones, fue el sencillo más vendido de 1983 y le valió al grupo un Grammy, uno de los seis que acumulan, incluido el de mejor álbum del año por Synchronicity. Separados desde 1984 y reunidos por última vez en una gira mundial en 2007-2008, los tres músicos vuelven ahora a encontrarse, no sobre un escenario, sino en un tribunal. Un pulso legal que no solo afecta a su historia compartida, sino que puede sentar un precedente sobre cómo se reparten los beneficios de la música en la era digital. Porque, como demuestra este caso, incluso las canciones más eternas siguen generando preguntas —y conflictos— muy actuales.