La rebelión silenciosa del campo: el plan de tres universidades para que la España rural lidere el futuro sostenible

Las universidades de Castellón (UJI), Navarra y Cádiz han unido sus fuerzas en un proyecto pionero para combatir la despoblación desde una perspectiva innovadora. Bajo el nombre de Resina, esta iniciativa, coordinada por la Universitat Jaume I, no solo busca frenar el abandono del interior, sino también extraer y valorar las prácticas sociales, culturales y económicas que pueden servir de lección para toda la sociedad, incluidas las grandes ciudades. El proyecto parte de una base crítica: la realidad se piensa casi siempre en clave urbana, considerando el modo de vida de la ciudad como el único correcto o deseable. "Esto implica que la ruralidad acaba por tener muchos moldes positivos ocultos", explica Xavier Ginés, investigador de la UJI al frente del proyecto. Prácticas que en la ciudad se etiquetan como innovadoras, como la "economía de kilómetro 0" o la economía circular, son en realidad el modo de vida histórico en el campo. Según los investigadores, el mundo rural ha tenido que desarrollar sistemas para compartir "aventuras y desventuras" y sobrevivir con infraestructuras y dotaciones peores que las urbanas. Desde compartir vehículo para bajar a la capital hasta ayudarse entre vecinos, son formas de trabajar por el bien común que tienen un valor especial ante la crisis ecológica y social. De hecho, el equipo de Resina está convencido del potencial de estas dinámicas. "Creemos que el mundo rural nos puede dar muchas lecciones a las personas que habitan la ciudad", afirma Ginés, sobre todo en un panorama que no siempre es halagador. El objetivo es que la ciudad comience a incorporar estas enseñanzas. Al reconocer y dar valor a estas prácticas, el proyecto tiene un efecto directo en las comunidades locales: reforzar su autoestima y su orgullo rural. Históricamente, el campo ha sufrido una autoestima más baja, una especie de "auto-odio", que ha sido uno de los motores de la despoblación. Concienciar sobre su valor es una forma de empoderar a sus habitantes para que defiendan su entorno y sus derechos. La metodología del proyecto es colaborativa y busca la diversidad. Se han seleccionado varios territorios rurales en las tres provincias con características muy diferentes para obtener una gran riqueza de prácticas. Sin embargo, el equipo investigador no llega a imponer su criterio. "Es un elemento necesario e imprescindible contar con ellos para que valoren qué aporta a su comunidad cada una de las prácticas", subraya Ginés. Una vez identificadas las prácticas más relevantes, el proyecto entrará en una segunda fase. Se creará una base de datos pública y accesible, una "caja de herramientas", para que ciudadanos y autoridades locales de todo el estado puedan volcar las iniciativas de su territorio. El fin es "construir una caja de herramientas que ayude a las personas que habitan los pueblos a identificarse como imprescindibles" de cara a un futuro que se desea más sostenible y optimista.