La obesidad infantil se ha triplicado en los últimos 20 años en España, alcanzando a un 32 % de los niños. Este alarmante dato ha reabierto el debate sobre el modelo de alimentación, en un momento en que Estados Unidos propone dar un vuelco a su tradicional pirámide alimenticia, relegando los cereales y priorizando las proteínas y grasas, un cambio que cuestiona las bases de lo que se ha recomendado durante décadas. Las familias perciben una mejora en los comedores escolares, aunque con matices. María, nutricionista y madre de cinco hijas, explica que, si bien se han introducido mejoras, los menús no siempre están bien equilibrados. "Veo que, por ejemplo, si les meten legumbres, que sí que me gusta, pero les meten, por ejemplo, un segundo, a lo mejor, muy contundente, que considero que a lo mejor no es necesario", señala. A pesar de ello, reconoce avances, como la sustitución de patatas fritas por guarniciones de verdura o champiñones. En casa, la planificación es clave para esta familia numerosa, que combina una compra semanal grande con otra más pequeña para gestionar el gasto. Siendo nutricionista, María pone especial atención en la cesta de la compra, aunque admite la dificultad: "La lista de la compra está muy cara, entonces, es complicado acceder a determinados alimentos". Como concesión, los viernes permiten a sus hijas llevar "guarrerías" de merienda, buscando un equilibrio. El Gobierno ha decidido tomar cartas en el asunto. Recientemente, el ministro de Asuntos Sociales y Consumo, Pablo Bustinduy, anunció una medida drástica: "Vamos a garantizar menús saludables y sin ultraprocesados para todos los niños, niñas y adolescentes que estén ingresados en centros hospitalarios". La iniciativa busca combatir la presencia de estos productos, identificados por la OMS como una "amenaza a la salud pública global". Este nuevo enfoque ya es una realidad en centros de referencia como el Hospital Niño Jesús de Madrid, el primer hospital infantil de España. Arturo Doval, su jefe de cocina, afirma con rotundidad que "la alimentación es parte de la curación de la enfermedad del paciente". Allí, todo se cocina en el día en una "línea caliente" y los menús se diseñan mano a mano con el servicio de dietética, incluyendo fruta fresca, elaboraciones propias y evitando productos industriales. Sin embargo, la situación en otros centros hospitalarios contrasta notablemente. Testimonios en redes sociales denuncian desayunos a base de café soluble y galletas, o comidas con "una especie de guiso de carne con patatas que estaban bastante duras" y fruta "bastante insípida", lo que genera indignación entre los pacientes, que se preguntan cómo es posible recibir ese tipo de comida en un lugar destinado a la recuperación de la salud. Frente al extendido "esto se ha comido toda la vida y nunca ha pasado nada", los expertos advierten de que los hábitos han cambiado. El consumo de ultraprocesados en la cesta de la compra ha pasado de ocupar un 10 % en el año 2000 a un 35 % en la actualidad. Ante esto, la nutricionista Yhenny Brito pide quitar presión a las familias: "La perfección no existe. El mensaje tiene que ser muy claro, tiene que haber mucha variedad de alimentos frescos y de temporada". La clave, según Brito, no es la prohibición, sino la moderación y la variedad, incluyendo todos los grupos de alimentos y usando aceite de oliva. "No se trata de prohibir alimentos, se trata de equilibrar. Si en algún momento llegase a haber algún embutido, alguna bollería o algún alimento que normalmente no se consideraría sano, pues no pasa nada. Lo importante es que eso sea un de vez en cuando", concluye la experta.