Lo que para Pilar debía ser un viaje de reencuentro familiar se ha convertido en una auténtica odisea. Esta vecina de Logroño, que reside en Panamá desde hace años, tenía previsto volar este jueves desde el Aeropuerto de Logroño-Agoncillo para abrazar a su marido y a su hija. Sin embargo, un cúmulo de imprevistos ha retrasado sus planes más de 24 horas. El primer contratiempo ha surgido a primera hora de la mañana, cuando la densa niebla ha obligado a posponer el despegue de su vuelo a Madrid, que en lugar de a las 7:30, ha salido pasadas las 9:00. A pesar del retraso inicial, Pilar aún confiaba en llegar a tiempo para su conexión internacional. La sorpresa ha llegado cuando, al sobrevolar Madrid, el capitán ha anunciado que no podían aterrizar. Según ha explicado, "ha vuelto a cubrir, que no hay visibilidad", por lo que, tras dar varias vueltas, han tomado la decisión de desviarse a Valencia. La razón de fondo es que el avión de Iberia no contaba con el sistema de aterrizaje instrumental (ILS), una tecnología que permite operar en condiciones de baja visibilidad y de la que sí disponían otras aeronaves que sí tomaron tierra en Barajas sin problemas. Una vez en Valencia, la única alternativa ofrecida por la compañía ha sido un autobús hasta Madrid, que llegaba al aeropuerto de Barajas a las 16:15 de la tarde. Para entonces, su vuelo a Chicago ya había despegado, y con él, sus esperanzas de llegar a casa. El sentimiento general entre los cerca de 30 pasajeros del vuelo desviado no era tanto de enfado como de desconcierto. "No había mucho enfado, sino simplemente incertidumbre, ¿no? De, bueno, ¿y ahora qué hacemos?", ha relatado Pilar. Tras más de ocho horas de viaje para un trayecto que dura menos de una, Pilar ha tenido que buscarse una solución en el aeropuerto madrileño. La compañía aérea ha accedido a cambiarle el billete para un vuelo al día siguiente con un coste adicional mínimo. A pesar de la amabilidad, la solución ha sido parcial. "Realmente se portaron bien amablemente, porque me hicieron un cambio con poco dinero, pero la primera conexión no me cubrió, ni el hotel que me he tenido que pagar ni varias cosas", ha lamentado Pilar, que ha tenido que asumir los gastos de una noche extra en Madrid. Esta mañana, la viajera se encontraba de nuevo en la T4 de Barajas esperando, por fin, a embarcar en su vuelo. Este tipo de incidentes no son aislados en el aeropuerto riojano, que en 2025 cerró con cifras históricas de operaciones. De hecho, la propia Pilar ha señalado que es algo que ocurre con cierta frecuencia: "A mi madre le ha pasado bastantes veces estar en el aeropuerto, no puede salir y les llevan a Pamplona en autobús".