La Universidad Pública de Navarra (UPNA) ha acogido este viernes una nueva edición de la Olimpiada de Matemáticas, una cita que ha reunido a 45 chicos y chicas de distintos centros educativos de toda la comunidad foral. La prueba, que ha comenzado a las diez de la mañana, supone la culminación de meses de preparación para estos jóvenes talentos, según explican Nicolás Atanes y Juan Serrano, dos de los organizadores. El reto consiste en resolver seis problemas de dificultad creciente repartidos en dos sesiones, mañana y tarde. Los organizadores destacan que el objetivo va más allá de la competición. Lo importante, señalan, es que los participantes afronten el desafío como una oportunidad para aprender y gozar de las matemáticas. "Sobre todo les decimos que disfruten de los problemas, que no se trata tanto de que piensen en el resultado, que desde luego está ahí, pero que sobre todo traten de disfrutarlos", comenta Juan Serrano. Este enfoque colaborativo se fomenta desde las clases preparatorias, donde los alumnos discuten los problemas en grupo. "Cuando uno puede hablar de lo que le gusta con otras personas y puede pensar con ellas en común, es más fácil que se enganche", añade Serrano, subrayando que la camaradería es uno de los "ingredientes más interesantes" del certamen. Según los responsables, Navarra cuenta con un "muy buen nivel" en matemáticas en proporción a su población. Aunque solo tres se clasifican para la fase nacional, la trayectoria de los participantes es "muy buena", con jóvenes que acaban en universidades de todo el mundo. Muchos de ellos orientan su futuro profesional hacia carreras técnicas, un interés que parece ir en aumento. "El avance en inteligencia artificial y del análisis de datos está propagando este interés y la concienciación de la importancia de las matemáticas", explica Nicolás Atanes. Atanes también reflexiona sobre la percepción social de esta disciplina y defiende su valor como un pilar del conocimiento. "Se intenta construir con la olimpiada que las matemáticas son un conocimiento interdisciplinar y que no saber de ellas tiene las mismas consecuencias que no saber de literatura, que es ser un inculto", afirma. El certamen también sirve de inspiración, como demuestra el caso de Nicolás Ayúcar, que quedó segundo hace diez años. "Tengo buen recuerdo de esa experiencia", rememora. Para él, la clave de la prueba no era la mecánica, sino los problemas de "lógica y de razonamiento". Su pasión por los números le ha llevado a estudiar Magisterio y ahora realiza su trabajo de fin de grado sobre cómo mejorar la competencia matemática a través del juego. Ayúcar cree que es necesario "combinar todo" y propone "plantear las matemáticas desde otro modo, que sea el juego o sean actividades más divertidas". Su enfoque busca que los estudiantes que rechazan esta materia "se enganchen", utilizando herramientas como el ajedrez, el Tangram o los sudokus para desarrollar la visión espacial y el razonamiento deductivo.