El llamamiento a acudir a Balaídos con las uñas pintadas en apoyo a Borja Iglesias, tras los insultos homófobos sufridos en Sevilla, ha generado una respuesta doble en redes: mensajes de respaldo y aplauso, pero también una avalancha de comentarios ofensivos que evidencian que la homofobia sigue instalada en el fútbol.