Cuando Leonardo da Vinci (siglo XV) inventó el tornillo aéreo, que sería algo así como el primer helicóptero de la historia, creo que podríamos decir que fue un hombre adelantado a su tiempo. Su visión disruptiva de las cosas, sin dar por sentados los límites que otros de su tiempo habían aprendido, le hizo dar pasos de gigante en ingeniería, arte y hasta en antropología. Aquel helicóptero tenía miles de problemas para ser realmente operativo, por supuesto: su sostenibilidad en el aire era poca y las posibilidades de morir, muchas; por no hablar de la brujería y desacato ético y religioso que suponía volar por el aire como si cualquier mortal se creyese un ángel divino. Las infraestructuras y la sociedad, en definitiva, no estaban preparadas para desarrollar majadería semejante en el último siglo del medievo.