La cuadrilla rumana

La opulencia acaso resucitó la antañona querencia española hacia la hidalguía, o sea a lo trabajar poco o nada a costa del esfuerzo físico que desemboca en las feroces tareas manuales. Currar con la frente perlada de sudor siempre produce cierto asquito, sobre todo en los tiempos del Lazarillo y también en los actuales. Nuestros abuelos, en cambio, doblaron el lomo como condenados en la isla del Diablo mientras Steve MacQueen y Dustin Hoffman maquinaban planes para fugarse. Pero la época de los abuelos suena a prehistoria y olvidamos que fue esa generación la que colocó los raíles para que nosotros disfrutemos del bienestar como locomotoras de quejidos blandengues. Mi amigo Javier, 60 palos, luce sobre la frente esas arrugas... Ver Más