Todos sabemos que no hay absolutos, pero en el caso de las croquetas casi seguro que podemos dar el salto al vacío sin mirar y afirmar categóricamente que no hay nadie a quien no le gusten las croquetas. Pueden no ser el plato preferido de muchos, pero en cuanto salen a la mesa, todos las disfrutan con notable entusiasmo, especialmente si las hace la abuela correspondiente de cada uno. Satisfacen tanto como una tortilla de patata y no provocan intensos debates casi fratricidas sobre alguno de sus ingredientes. Prácticamente se pueden usar todos.