La misión Crew-11 ya está en casa. La cápsula Dragon de SpaceX ha completado con éxito un amerizaje histórico a las 2:41 de la mañana (hora central) en la costa de California, poniendo fin a una operación de rescate sin precedentes. La NASA se vio obligada a precipitar el regreso de los cuatro astronautas -originalmente previsto para finales de febrero- debido a un grave problema de salud de uno de los integrantes, activando un protocolo inédito en los 25 años de la Estación Espacial Internacional (ISS). La incomunicación ha marcado las horas previas al retorno. La agencia espacial estadounidense no ha revelado la identidad del astronauta afectado ni la patología específica, amparándose en la confidencialidad médica. Sin embargo, el administrador de la NASA y fuentes de la misión han confirmado que el paciente se encuentra "estable" y ya está bajo supervisión médica especializada. Según ha explicado el divulgador científico Jorge Alcalde, la decisión de abortar la misión antes de tiempo se basó en dos factores críticos: la gravedad de la condición y la limitación técnica en órbita. El regreso de la Crew-11 marca un antes y un después en la historia de la exploración orbital. En el cuarto de siglo que lleva operativa la Estación Espacial Internacional (ISS), jamás se había adelantado el retorno completo de una misión planificada por una urgencia médica. Aunque existen protocolos de evacuación sanitaria (Medevac), esta es la primera vez que se ejecuta el uso de la cápsula de emergencia bajo estas circunstancias específicas para toda la tripulación comercial. El equipo de control de la misión respondió con rapidez. Tras desacoplarse de la ISS, la nave Dragon emprendió un viaje de retorno de 10 horas, monitoreado en tiempo real gracias a la transparencia de los sistemas de seguimiento de SpaceX. El reingreso en la atmósfera es una de las fases más críticas de cualquier vuelo espacial. La cápsula, diseñada con un espacio habitable reducido para los cuatro ocupantes, tuvo que soportar temperaturas de miles de grados y desacelerar desde velocidades orbitales (miles de kilómetros por hora) hasta unas pocas decenas para impactar suavemente en el agua. A diferencia de los cohetes propulsores de Elon Musk que aterrizan verticalmente, la Dragon confía su seguridad a la aerodinámica y a un sistema de cuatro paracaídas gigantescos. Tras la partida de la Crew-11, la Estación Espacial Internacional no queda vacía, pero sí bajo mínimos. La población del laboratorio orbital se ha reducido de siete a tres habitantes: dos cosmonautas rusos y un astronauta estadounidense. Este último deberá asumir en solitario, durante al menos un mes, la carga de trabajo y mantenimiento de todo el segmento norteamericano de la estación. A pesar de la reducción de personal, las agencias espaciales (NASA, ESA y Roscosmos) cuentan con protocolos robustos para recalendarizar tareas y experimentos. Se espera que la misión de relevo, la Crew-12, despegue en las próximas semanas para restaurar la capacidad operativa completa y continuar con las investigaciones en microgravedad, vitales para los futuros viajes a la Luna y Marte.