532 días. Es el tiempo que transcurrió entre el 17 de enero de 1996 y el 1 de julio de 1997, el periodo que José Antonio Ortega Lara pasó secuestrado por ETA. El podcast original de COPE 'Miguel Ángel Blanco. Aquellas 48 horas jamás contadas' ha reconstruido en su primer episodio la liberación del funcionario de prisiones. La investigación periodística, que cuenta con los protagonistas de la operación, desvela las claves de un operativo que comenzó meses antes y que tuvo su origen en unas anotaciones halladas en Francia. El origen de la investigación se remonta a julio de 1996, cuando la policía francesa detuvo a Julián Achurra, responsable del aparato logístico de ETA. En la operación se incautaron agendas y archivos informáticos. Según detalla el hoy teniente coronel de la Guardia Civil Francisco Vázquez, entonces responsable de la investigación, en una de esas agendas apareció una anotación clave: “bol, 5 k” y, entre paréntesis, “Ortega”. Esa pista llevó a los investigadores a detectar la existencia de un nuevo comando, el ‘Goyerri’, que había recibido una cantidad de dinero inusualmente alta. La Guardia Civil dedujo que detrás de esas anotaciones se encontraba un comando nuevo formado por miembros “legales”, es decir, no fichados. La principal hipótesis fue averiguar quién era “Bol”, lo que llevó las pesquisas hasta un individuo de Mondragón sin antecedentes penales: Jesús María Uribe Echeverría, alias ‘Bolinaga’. La Guardia Civil inició entonces un seguimiento de día y de noche a Bolinaga en un entorno que el propio Vázquez califica de “absolutamente hostil”. Los agentes llegaron a vestirse de ‘panquis’ para pasar inadvertidos. Las vigilancias permitieron comprobar que Bolinaga y otros tres miembros del comando accedían con frecuencia a una nave industrial sin actividad a las afueras de Mondragón, llamada Halgui, donde entraban con bolsas de comida pero sin herramientas de trabajo. El 30 de junio de 1997, los mandos de la Guardia Civil informaron al juez Baltasar Garzón, que se encontraba de guardia, de que necesitaban un mandamiento para entrar. A pesar de que no había evidencias, solo hipótesis, el juez accedió a tramitar cinco órdenes de registro. Garzón recuerda su determinación: “Recuerdo que dije algo así de, ‘si hay que tirar la nave y levantar lo que haya que levantar aquí, pues adelante’”. La misma noche en que se puso en marcha la ‘Operación Pulpo’, se produjo una enorme coincidencia: ETA liberó al empresario Cosme del Cló. La noticia generó una gran confusión, como relata el entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, quien recibió la llamada del consejero vasco Juan María Atutxa pensando que se refería a Ortega Lara, una operación de la que no tenía conocimiento. A las 4:14 de la madrugada comenzaron los arrestos simultáneos de los cuatro sospechosos. Una vez con Bolinaga detenido, 50 agentes iniciaron el registro de la nave, un espacio diáfano lleno de chatarra y maquinaria pesada. Las horas pasaban sin encontrar nada y la incertidumbre crecía. El presidente José María Aznar llamó al ministro y le pidió que aguantaran: “Mira, ministro, solo te pido una cosa, no lo dejéis todavía, solamente, por favor, dile al juez, dile a la Guardia Civil que, por favor, que nos den media hora”. La esperanza parecía desvanecerse hasta que, a las seis de la mañana, un agente detectó algo raro en una máquina troqueladora: uno de los tornillos se movía. Tras el esfuerzo de casi una docena de agentes para desplazar la pesada máquina, apareció una pequeña luz que delataba la entrada al zulo donde Ortega Lara llevaba 532 días encerrado. El agente de la Unidad Especial de Intervención (UEI), Francisco Gil, fue el primero en ver a Ortega Lara. Su primera reacción, al pensar que eran terroristas que venían a ejecutarlo, fue pedirles que lo mataran. Gil recuerda el impacto de la escena, el olor y el aspecto del funcionario, que se encontraba en posición fetal: “Cuando lo cojo del brazo, noto esa flacidez, noto todos sus huesos y te da impresión, ¿no? En ese momento también recuerdas a los campos de concentración”. Tras una tensa conversación para convencerlo, y después de que incluso se volviera a meter en el zulo por el shock, Ortega Lara salió a la superficie. Para proteger su dignidad, el juez Garzón ordenó apagar las cámaras. Al reconocer al magistrado, el funcionario supo que todo había terminado. Garzón rememora las palabras que le dijo: “Ahora sé realmente que estoy ya librado”. En el momento de su rescate, Ortega Lara había perdido 23 kilos, masa muscular y densidad ósea. Su aspecto recordaba al de un superviviente de un campo de concentración. Aquella feliz mañana se rompió solo nueve días después, con el secuestro y posterior asesinato del concejal del Partido Popular Miguel Ángel Blanco, una tragedia que el podcast de COPE aborda en sus próximos episodios.