Durante años, ChatGPT ha funcionado como una de las puertas de entrada más accesibles a la inteligencia artificial, un asistente que muchísima gente usa a diario sin suscripción. Ese modelo, que contribuyó a popularizar la IA generativa a una velocidad difícil de igualar desde finales de 2022 , empieza ahora a mostrar sus límites. Mantener esa promesa de acceso masivo tiene un coste cada vez mayor, y OpenAI ha decidido explorar una vía que llevaba tiempo sobre la mesa : empezará a probar anuncios en el chatbot , un movimiento que vuelve a poner sobre la mesa cómo se financia la IA que usamos a diario. ChatGPT está a punto de cambiar. OpenAI dice que los anuncios se mostrarán únicamente en los planes gratuito y Go, mientras que los usuarios de Pro , Business y Enterprise quedarán fuera. La decisión introduce una separación clara entre los planes orientados al gran público y aquellos pensados para un uso profesional o empresarial. Como podemos ver, en este piloto, la publicidad se asocia a los niveles de acceso más económicos, mientras que las suscripciones superiores mantienen una experiencia sin anuncios. Así se verán los anuncios den ChatGPT También hay detalles sobre cómo se integrará la publicidad en la experiencia de uso. En esta primera fase, los anuncios aparecerán al final de las respuestas de ChatGPT cuando exista un producto o servicio patrocinado relacionado con la conversación en curso, siempre separados del contenido orgánico y, según promete la compañía, claramente etiquetados. Por lo tanto, deberíamos poder saber por qué estamos viendo ese anuncio concreto y tendremos la opción de ocultarlo. El contrato de confianza. Junto al anuncio de esta prueba, OpenAI ha querido fijar por escrito los principios que, según la compañía, guiarán su enfoque publicitario. Insiste en que los anuncios no influirán en las respuestas de ChatGPT, que seguirán optimizándose en función de lo que resulte más útil para el usuario, y subraya que las conversaciones no se compartirán ni se venderán a anunciantes. También promete control: los usuarios podrán desactivar la personalización, borrar los datos usados para anuncios y, en cualquier caso, optar por planes de pago sin publicidad. No todos los usuarios ni todas las conversaciones entran en esta prueba. OpenAI ha confirmado que los anuncios solo se mostrarán a adultos con sesión iniciada, y que quedarán fuera tanto las cuentas en las que el usuario indique, o el sistema estime, que es menor de 18 años como los contenidos vinculados a ámbitos sensibles. Salud, salud mental y política figuran entre los temas vetados para la aparición de anuncios, una forma de reducir riesgos en un entorno donde ChatGPT se utiliza con frecuencia para consultas personales. Detrás de esta prueba hay una realidad difícil de esquivar. La IA generativa se ha convertido en una tecnología extremadamente cara de operar, mientras que, como suele ocurrir en servicios con un plan gratuito masivo, convertir a esos usuarios en suscriptores no es sencillo, incluso con planes de pago más económicos. OpenAI obtiene ingresos por suscripciones y por su API para desarrolladores, y en ese contexto probar anuncios encaja como una de las vías que la compañía pone sobre la mesa para ampliar ingresos sin cerrar el acceso. El arribo de los anuncios llega acompañada de otra novedad. La compañía liderada por Sam Altman acaba de anunciar la ampliación de ChatGPT Go , su plan de bajo coste, que pasa a estar disponible en Estados Unidos y en todos los países donde ya opera ChatGPT, manteniendo un precio de 8 dólares al mes y ampliando el acceso a mensajería, creación de imágenes, subida de archivos y memoria. El agujero financiero. El contexto económico se entiende mejor al mirar los números publicados a finales de 2025. Según documentos financieros compartidos con inversores y citados por The Wall Street Journal en noviembre de ese año, OpenAI asume que seguirá acumulando pérdidas muy elevadas durante varios ejercicios antes de alcanzar beneficios significativos hacia el final de la década. Para 2025, esos documentos estiman un gasto total de unos 22.000 millones de dólares frente a 13.000 millones en ingresos, lo que implica una pérdida neta cercana a los 9.000 millones. La proyección para 2028 es todavía más exigente, con pérdidas operativas que alcanzarían los 74.000 millones de dólares, impulsadas sobre todo por el coste de la computación. A esa presión financiera se suma un contexto competitivo mucho más exigente que el de los primeros meses de ChatGPT. El liderazgo inicial de OpenAI ya no es tan indiscutido como en 2022 y 2023, con rivales como Google y Anthropic reforzando su oferta y ganando presencia. Mantenerse en cabeza exige seguir invirtiendo de forma constante, no solo en investigación, sino también en infraestructura y capacidad operativa. En ese escenario, la publicidad encaja como una pieza más dentro de una carrera en la que quedarse quieto no es una opción. El anuncio no cierra el debate, lo abre. OpenAI insiste en que se trata de una prueba acotada y sin compromisos a largo plazo, pero el simple hecho de introducir publicidad marca un precedente. Queda por ver si este modelo se limita a Estados Unidos o si acaba extendiéndose a otros mercados, y cómo reaccionan los usuarios ante ese cambio. En el fondo, la cuestión es más amplia y afecta a toda la industria: quién paga el coste real de una inteligencia artificial que aspira a estar en manos de todos. Imágenes | OpenAI En Xataka | Si le preguntamos a los españoles cómo se sienten sobre la IA, la respuesta es sencilla: más productivos - La noticia OpenAI empezará a poner anuncios en ChatGPT. Ya sabemos a quién llegará esta primera prueba fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .