La Sección de Apelación Penal de la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha dictado una sentencia en la que revoca la absolución a un 'petaquero' dictada por la Audiencia Provincial de Cádiz al considerar delito la tenencia ilegal y el transporte de gasolina recogida en el artículo 568 del Código Penal, por lo que lo condena a cuatro años de cárcel por este delito. Una gran noticia paras las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, pues el 'petaqueo' es una de las prácticas que se vinculan con el narcotráfico en la provincia de Cádiz y que la Fiscalía y las fuerzas policiales consideran su «clave logística»: el conocido como 'petaqueo' es el modus operandi de suministrar combustible a las narcolanchas en alta mar para que puedan realizar los alijos. El TSJA revoca la absolución y condena a un total de cuatro años de cárcel a un 'petaquero' al considerar delito la tenencia ilegal y el transporte de gasolina recogida en el artículo 568 del Código Penal. Éste señala que «la tenencia o el depósito de sustancias o aparatos explosivos, inflamables, incendiarios o asfixiantes, o sus componentes, así como su fabricación, tráfico o transporte, o suministro de cualquier forma, no autorizado por las Leyes o la autoridad competente». De esta forma, y tal como explica en un detallado comunicado que ha facilitado a los medios, el tribunal andaluz coincide con el criterio de la Fiscalía de Cádiz que aboga por encuadrar en el 568 este tipo de delito, más allá de un posible contrabando. Así en una sentencia fechada el pasado día 15 de enero, el TSJA estima de este modo el recurso de apelación presentado por el Ministerio Fiscal contra una sentencia de la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Cádiz, adelantada por este periódico, que condenó al acusado a cuatro años y seis meses de prisión y multa de 180.000 euros por un delito contra la salud pública relativo a sustancias que no causan grave daño a la salud, agravado por la notoria importancia de la cantidad aprehendida y por el uso de embarcación, con la agravante de reincidencia, en concurso medial con un delito de contrabando, mientras que lo absolvió de un delito de tenencia de sustancias inflamables. «La conducta enjuiciada consistió en la tenencia ilegal de 1.300 litros de gasolina y en su transporte por vía marítima distribuidos en 52 garrafas, siendo palmario que su poseedor conocía la peligrosidad por el carácter extremadamente inflamable y volátil de dicho producto y que asumía tal grave riesgo, habiendo incurrido por tanto en el delito tipificado en el artículo 568 del Código Penal como promotor responsable de esa posesión y transporte que efectuaba», ha argumentado el TSJA, que impone la condena por este delito en su límite mínimo. Los hechos a los que se refiere esta sentencia se produjeron sobre las 13,15 horas del día 20 de febrero de 2024, cuando se detectaron a través de la cámara de una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil tres embarcaciones semirrígidas con motores fuera borda y amarradas a una boya, por lo que, ante tal situación, embarcaciones auxiliares de otra patrullera que se encontraba en las inmediaciones iniciaron una maniobra de aproximación. En ese momento, y al percatarse de tal maniobra, las tres embarcaciones semirrígidas emprendieron la huida, logrando los agentes finalmente interceptar al acusado junto a una de las semirrígidas, en cuyo interior se incautaron de hachís y de 52 garrafas de 25 litros cada una de gasolina, entre otros enseres. Además, el acusado contaba con tres sentencias anteriores, ya firmes, por las que resultaba condenado por delitos contra la salud pública. La Sección Cuarta de la Audiencia de Cádiz absolvió al acusado del delito de tenencia de sustancias inflamables al considerar que la aplicación de este tipo penal a conductas como la enjuiciada vaciaría de contenido tanto el artículo 348 del Código Penal como la infracción administrativa equivalente prevista en el Reglamento de mercancías peligrosas por carretera aprobado por Real Decreto 551/2006, así como que la evolución y el contexto en que se tipifica la conducta muestra que la misma exige que se destinen las sustancias a ser utilizadas ofensivamente o que la jurisprudencia no muestra casos en que se aplique la norma a la mera tenencia de productos inflamables, y que da lugar a una clara desproporción penológica. Por ello, la Fiscalía recurrió esta decisión de la Audiencia de Cádiz argumentando que la compatibilidad y la línea divisoria entre los artículos 568 y 348 del Código Penal viene marcada en sus propias descripciones típicas y asimismo es proclamada por la jurisprudencia del Tribunal Supremo, y que es asimismo diferenciable el ilícito penal del meramente administrativo por la exigencia para el primero de un plus de factores, como riesgo para la seguridad ciudadana, dolo directo o eventual con consciencia y aceptación de que se pone en peligro la seguridad pública. Asimismo, el Ministerio Público recurrió alegando que la interpretación del delito como de riesgo abstracto y sin que se exija un propósito de utilizar las sustancias para fines destructivos viene siendo sostenida establemente por el Supremo, así como que la proliferación de conductas como la enjuiciada ha ido en aumento en los últimos años, en parte por la nueva tipificación como delito de contrabando de la tenencia de embarcaciones de alta velocidad, «con la necesidad para los traficantes de mantener durante tiempo en alta mar embarcaciones precisadas de la correspondiente infraestructura y suministro de combustible». Por su parte, el TSJA pone de manifiesto en la sentencia, en primer lugar, que la aplicación del artículo 568 del Código Penal «ha venido desarrollándose especialmente en relación a explosivos, no habiéndose asentado su planteamiento en el marco de la tenencia de sustancias inflamables, concretamente combustibles para la alimentación de vehículos, es decir, gasolina y gasóleo», no obstante lo cual, «ello no puede llevar a desechar si más la aplicación que se pretende por parte del Ministerio Fiscal». Al hilo de ello, el TSJA ha afirmado que «la persecución de estas conductas en los últimos tiempos viene provocada por la manifiesta proliferación de las mismas, singularmente en zonas de acentuado volumen de tráfico marítimo dedicado a la traída e introducción de hachís en territorio nacional procedente de África, actividad normalmente asumida por organizaciones con una amplia infraestructura de embarcaciones precisada de dotación personal y material y de aportación del necesario combustible suministrado frecuentemente en plena travesía en alta mar, no siendo por tanto de extrañar que se trate de dar respuesta a esta singular evolución delictiva no sólo en su vertiente atentatoria contra la salud pública, sino también en la que afecta a la seguridad pública».