Hace veinte años se estrenó El laberinto del fauno y un actor catalán consolidó, bajo la dirección del cineasta mexicano Guillermo del Toro, una carrera como el arquetipo del personaje malvado. Sergi López cuenta que incluso sus hijos siguen teniendo pesadillas con su interpretación del Capitán Vidal.El viernes 9 de enero, Sergi López se reencontró en Los Ángeles con Guillermo del Toro, quien fungió como moderador en un coloquio con el directorOliver Laxe después de la proyección de Sirāt, que inauguró el ciclo Recent Spanish Cinema en el Fine Arts Theatre, una road movie con desiertos como metáfora existencial, a estrenarse en México el jueves 22 de enero.“Será muy bonito encontrarme en Los Ángeles con Guillermo y Oliver para este acto con público, porque hay la idea de acercarse a los Oscar de la mano de dos directores tan distintos como Guillermo y Oliver y a su vez con dos películas brutales. Es una cosa que reafirma lo que me está tocando vivir e intento disfrutarlo al máximo”, compartió Sergi López (Vilanova i la Geltrú, Barcelona, 1965) en entrevista con Laberinto. Como hace dos décadas con la obra maestra de Del Toro, nominada en 2007 a seis premios Oscar y ganadora de tres por Mejor Fotografía (Guillermo Navarro), Mejor Dirección Artística (Eugenio Caballero y Pilar Revuelta) y Mejor Maquillaje (David Martí y Montse Ribé), Sirāt es hoy un fenómeno, ganadora del Premio Del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 2025 y aspirante al Oscar a Mejor película de habla no inglesa.Sirāt abre con un epígrafe: “Existe un puente llamado Sirāt que une infierno y paraíso. Se advierte al que lo cruza que su paso es más estrecho que una hebra de cabello, más afilado que una espada”. Producida por Pedro Almodóvar y su hermano Agustín, con fotografía espectacular de Mauro Herce, la fuerza de Sirāt debe mucho al trabajo actoral para interpretar a un personaje muy diferente al oficial franquista de El laberinto del fauno, al criminal pedófilo y traficante de niñas Marcel Dedieu de Maldoror (Fabrice Du Weltz, 2024) o al psicópata de Harry, un amigo que les quiere (Dominik Moll, 1999).En su filmografía de más de sesenta películas, con directores como François Ozon, Woody Allen, Catherine Orsini, Isabel Coixet o Alain Corneau, Sergi López ha hecho comedia e incluso encarnó a un padre, como en Ricky (Ozon, 2009). Ahora asume el papel de Luis, un español que viaja a Marruecos con su hijo, Esteban, a buscar a su hija perdida en raves montados en el desierto.La sonrisa, el buen humor y la generosidad son recurrentes en Sergi López durante la plática vía Zoom sobre Sirāt, en la que habla de las capas que ha ido encontrando en el proceso de la película de Oliver Laxe desde que leyó por primera vez el guion hasta la recepción que ha tenido en festivales internacionales y ante la crítica. “Tengo la suerte de haber trabajado con muchas directoras, muchos directores, pero nunca me había enfrentado a un dolor tan explícito, tan frontal, tan absoluto, como en Sirāt”, dice el actor que cumplió sesenta años el 22 de diciembre. Y aunque reivindica el placer lúdico que le causa la actuación, el pasársela bien en un rodaje o, como ha manifestado en otras entrevistas, su gran afición a “no hacer nada”, admite su conmoción con Sirāt. “Tengo una relación con la actuación bastante lúdica. Es decir, vengo del teatro, del circo de calle, del payaso, y para mí, entrar y salir del personaje es fácil, no me llevo el personaje a casa. Para actuar el dolotr, no pienso en mis hijos, no pienso en mi dolor. Me ayuda más imaginarme que hay un señor que se llama Luis, que tiene un hijo que se llama Esteban y que le pasa lo que pasa en Sirāt. Es una locura. Los actores sabemos que es mentira y, sin embargo, intentamos buscar una verdad ahí dentro, con lo cual, quieras que no, este dolor que te acompaña al actuar te hace también mirar al interior”. Sergi López reitera que disfrutó el rodaje en locaciones desérticas de España, como Rambla de Barranchina, Laguna de Tortajada, Cantera de Villarquemado y Cañón Rojo, en Teruel, Aragón, donde se simuló el Sahara, o en Errachidia y Erfoud, en el Reino de Marruecos. “Me lo pasé bien, disfruté bastante, incluso del calor, la sed y todo eso. No nos gusta tener sed, pero, en el fondo, nosotros, los actores, las actrices, somos princesas: nos traen botellas de agua, cuando terminas de rodar te llevan al hotel. Seguramente fue más duro para los eléctricos y los maquinistas. Pero yo, en el fondo, lo viví bastante bien, fue un rodaje que disfruté, conocí a mucha gente, conocí al que hace de mi hijo, a Bruno Núñez Arjona, a los raveros”.Después vino la epifanía con la película terminada, en su primera exhibición, en su paso por festivales después de Cannes hace un año, cuando obtuvo uno de los reconocimientos principales. “Cuando vi la película terminada, me di cuenta de que Sirāt es un objeto, un artefacto que conmueve y que tiene algo muy potente. Hemos hecho preestrenos en Bélgica, Francia, España, Estados Unidos, y ahora vamos a Italia y México. Cuando te encuentras en la sala después de la proyección te das cuenta de que pasa algo grande. Y eso en una película no lo había visto nunca”.Inspirada en el El salario del miedo (Le salaire de la peur, Clouzot, 1953) y en su remake Carga maldita (Sorcerer, Friedkin, 1977), completan el reparto del filme —con guion de Oliver Laxe y Santiago Fillol— Stefania Gadda, Joshua Liam Henderson, Tonin Janvier, Jade Oukid y Richard Bellamy.Sirāt tiene muchas lecturas. Cuando recibió el guion, ¿qué le cautivó?Con el guion me pasó una cosa rara: empecé a leerlo y pensé que era una película de aventuras. Luego sucede un hecho traumático que cambia la vida de mi personaje: hay un coche que cae. Era tan trágico que estuve a punto de cerrarlo. Me dije: “¿Pero de qué va esta película?”. Continué y, sin analizarlo profundamente, me di cuenta de lo que dices: tiene muchas lecturas. Comprendí que es una película inclasificable. Es un thriller, una película de aventuras, una mística, una espiritual. A mí me encanta que una película no se defina por una etiqueta. Siempre me ha gustado el cine de autor que no se parece a nada. Y no sabía con qué película compararla. Puedes hacerlo con películas de aventuras donde la muerte está siempre volando alrededor, pero era diferente con la historia, con la música y el paisaje. Esto fue lo primero que me gustó, que es que no sabía cómo definirla. Me la había leído entera de un tirón, y me había explotado la cabeza. Hasta dije: “Estoy encantado, me ha gustado, no sé cómo la voy a hacer”. También es road movie, con algo de Mad Max, pero con visión existencial a lo Wim Wenders.Sí, es alucinante. Tiene tantas capas, tantas versiones como espectadores. Hay gente a la que le encanta a la primera y hay otra que la rehúye. No me había pasado nunca con otra película. Tengo montón de amigos que no son muy cinéfilos y que nunca me han llamado para decirme: Me vi la peli, me gustó, o no me gustó. Y para Sirāt me ha llamado un montón de amigos para decirme: A mí no me gustó, pero llevamos dos semanas hablando de ella. En un momento, tienes la impresión de que Luis, mi personaje, siendo un don nadie, un hombre cualquiera, acaba siendo una figura casi simbólica o casi mística.Ya había interpretado a padres, en Ricky, por ejemplo. ¿Qué sello particular quiso darle a Luis?Intenté pasar desapercibido, que no se notara que soy un actor. Es decir, intenté no dejar sello, trabajar con los otros personajes que no eran actores, que no habían actuado nunca. Intenté pasar desapercibido en medio de ellos, que la gente se creyera, lo que es increíble, que no soy actor, no tener miedo de ser gris, anodino, que la actuación pasara inadvertida,El epígrafe con que arranca da idea de por dónde va. Y la naturaleza me parece un personaje principal. ¿Cómo se sintió al actuar y convivir en situaciones naturales extremas?Me sentí muy feliz. Terminábamos a las ocho, nos llevaban al hotel, nos daban botellas de agua. En el fondo, actuar algo tan increíble, como que me llamo Luis, como que tengo un hijo que se llama Esteban, que te pongan un desierto de verdad al lado, además un desierto que no tiene fin y que hay uno negro, otro marrón y otro blanco, en el que no ves nada, fue un placer un poco masoquista. ¿Cómo conectó el ambiente exterior con el interior de Luis y el interior de Sergi? Era duro el calor, pero lo viví como un regalo, como una oportunidad magnífica de pasear e intentar creerme que a este personaje le está pasando algo, que está atravesando un desierto de verdad, con arena real, con tormentas. No sabías dónde estaba el equipo. Cosas muy extremas en medio de una naturaleza extrema, pero muy bonita, un paisaje que te obligaba a mirar hacia tu interior. Te encuentras muy solo, muy pequeño, con muy poco ego. Estás como abandonado, no puedes más que mirar al interior. ¿Y cómo miró al resto de los personajes, no a los actores, sino a los que interactúan con Luis y Esteban? Luis trae una carga, su hija desaparecida, pero sus compañeros de viaje traen heridas muy físicas: uno no tiene pierna; el otro, un brazo. Parecen muy golpeados.Me pasó también en mi vida personal. Tenía una imagen de esta gente, de los travelers, de las fiestas raves, gente que se droga, que baila, pero que no hace nada. Y en el rodaje me encontré con gente más madura que la media, con mucha conciencia social. Fue esta idea de que los perdedores, los que están en el margen de la sociedad y del mundo, pueden ser una familia acogedora, que es lo único que nos puede salvar, una familia improbable, gente que está muy alejada de mi personaje. Me encontré con un colectivo. Ya te digo, hicieron un rave de tres días, non-stop, y no hubo peleas, ni una sola. La gente está muy pendiente de los demás, utiliza las drogas, pero de manera muy terapéutica cuando toca y en las dosis que tocan. Las mujeres no se sienten agredidas. Me quedé muy sorprendido de cómo esta banda que llega, que a uno le falta un brazo, a otro una pierna, y parece que sean los desechos de la sociedad, en el fondo tienen algo que ver con el amor, con una sabiduría colectiva que nos puede ayudar a recorrer este camino arrastrando un dolor enorme. Aprovecho para preguntarle por otro filme que, como Sirāt, aspiró al Oscar y ganó cuatro. Y ahora Guillermo del Toro está con posibilidades de ir por más óscares con su Frankenstein. Después de dos décadas, ¿qué es El laberinto del fauno en la carrera de Sergi López?De entrada, es una grandísima película, hecha por un tío que es un genio, un señor con una capacidad total sobre los diálogos, el vestuario, la cámara, el ritmo de montaje, la música, el ambiente. Guillermo del Toro es un tío que tiene un mundo muy particular y una capacidad brutal. El laberinto del fauno forma parte de mi vida, que me recuerdan siempre, y de la que no me canso de pertenecer. Yo sé que toda la vida me acompañará. Me dirán el Capitán Vidal de El laberinto del fauno. Estoy orgullosísimo de haber participado en esta peli que ves ahora y está perfecta. Tiene algo muy grande y esto es culpa de Guillermo del Toro. Espero que no haya tenido pesadillas con El laberinto del fauno ni con el Capitán Vidal.No, yo no, pero mis hijos las tuvieron. Me dijeron: “Papá, nos dijiste que eras malo, pero es que no eres malo, eres muy, muy malo”.AQ / MCB