La escucha aparece hasta 19 veces en el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad. Escuchar es un arte que contribuye a que seamos y nos sintamos más hermanos, a compartir y acompañar en el dolor y a ayudarnos a hacer frente a las dificultades. Es lo que persiguen los Centros de Escucha, que se ofrecen para personas que sufren la muerte de un ser querido, problemas de pareja, en la familia o en su vida personal en cualquier ámbito. La diócesis de Teruel y Albarracín está ultimando la puesta en marcha de uno de estos centros, nacido como compromiso en el Jubileo de la Esperanza. Enrique Marco Iserte, coordinador, explica que «su objetivo es crear un espacio donde personas que viven una situación a priori compleja, difícil, como pueden ser procesos de soledad, de duelo, de enfermedad, de situaciones difíciles vividas en pareja o en familia que necesitan de una atención, de una escucha, puedan encontrar un lugar de ventilación, de acompañamiento para poder solventar esta situación». El caso de Teruel es solo un ejemplo de estos centros. Está integrado dentro de la Red de Centros de Escucha, ya compuesta por cuarenta centros e incluso con una unidad móvil; una red coordinada por el Centro de Humanización de la Salud de los religiosos camilos, que está presente en España y otros países del mundo. Valentín Rodil, psicólogo responsable de la Unidad Móvil de intervención en duelo San Camilo, afirma que con iniciativas como los centros de escucha, «la Iglesia profundiza en ser esa oreja samaritana que acompaña a los heridos en el camino de la vida, en concreto, a los heridos por la soledad, por crisis vitales, por duelos profundos... Y lo hace con personas especialmente formadas no para aconsejar ni para predicar especialmente, sino para ayudar a las personas a deshacer los nudos que se han ido enredando sus vidas desde sus propias decisiones». En Teruel y Albarracín tienen previsto iniciar la actividad esta próxima Pascua, y a este servicio podrá accederse de forma gratuita. Están comenzando ya la formación inicial, para ofrecer un servicio responsable y seguro, con personas altamente preparadas para ejercitar la escucha. Porque se quiere responder, como explica Enrique Marco, a una necesidad real de nuestro tiempo: «En esta sociedad en que vivimos, hay muchas veces una soledad no elegida, mucho dolor que no se puede compartir. Desde el modelo cristiano de propiciar encuentros posibilitadores, el centro lo que va es a dar la oportunidad a personas que no ven luz, que están atascadas, a que se encuentren con una hermana, un hermano, que desde este carisma propicie el desahogo y también la receptividad para tener otras perspectivas sobre realidades que cuando nos enrocamos, las vemos como insalvables, irresolubles». Los Camilos son una voz autorizada en este ámbito con su carisma de humanización de la salud. Valentín Rodil, que es también docente en Centros de Escucha, ahonda en la necesidad de hacerlo extensivo a toda la Iglesia y la sociedad civil: «El mundo ahora acumula soledades y heridas, tal vez mayores siendo una sociedad post pandémica, con un profundo sentido del duelo, en la que falta un horizonte de sentido, una sociedad sin rumbo y muy perpleja. Las respuestas no acaban de encajar y por tanto precisan de una iniciativa distinta. Favorecemos desde ahí una red laical, social, bien formada que pueda salir a las periferias y favorecer esa cultura del encuentro que quería Francisco». La escucha clave en la cultura del encuentro y una habilidad muy cristiana: una escucha atenta, capacitada y confidencial, un espacio seguro. Así lo reconoce el propio coordinador, Enrique Marco: «Dicen que el 42% de nuestra vida la pasamos escuchando, y aunque aprendemos a hablar y a escribir, nadie nos enseña a escuchar. Es la habilidad más relacionada con la empatía, que en cristiano es la compasión. Y es la función más terapéutica, ser capaces de sostener lo que está viviendo una persona. Y muchas veces la persona necesita nada más que ser atendida en su ventilación emocional, en la expresión de su ahogo y que alguien, desde la absoluta compasión, desde el no-juicio y desde los criterios de una buena escucha, atienda esta necesidad vital». Un centro de escucha que abre en los próximos meses en la Diócesis de Teruel-Albarracín, y que ya está formando a voluntarios con “vocación de escucha y acompañamiento” a quienes viven situaciones de dolor, frustración, soledad, enfermedad o duelo.