No ha habido juicio, así que a Julio Iglesias (82 años) le ampara el derecho a la presunción de inocencia, evidentemente, pero la bomba periodística de las denuncias de dos de sus ex empleadas por los delitos de trata de personas, pertenencia a grupo criminal, abusos sexuales , lesiones y contra los derechos de los trabajadores han revelado también la perturbadora metodología del cantante para la contratación de su personal femenino en Bahamas y República Dominicana, que incluía reconocimientos médicos con pruebas ginecológicas, tests de enfermedades de transmisión sexual e incluso análisis de sangre para descartar hepatitis C o VIH. ¿A qué respondía la necesidad del artista de conocer detalles tan íntimos? La documentación que lo acredita ha tensionado el debate entre defensores y detractores de la estrella hasta tal punto que el administrador de Julio Iglesias Universal, un perfil en redes con medio millón de seguidores, reconoce que ha recibido «multitud de insultos por privado» y ha optado por no hacer declaraciones. Convertida en la noticia del año, la reacción de Julio Iglesias ha tardado demasiado. Primero de manera indirecta por su canal oficial, la revista '¡Hola!', en un intento por ganar tiempo: «No es el momento de hablar, pero ese momento llegará pronto (…) Todo se va a aclarar», revela la publicación, que anuncia que el equipo legal del cantante trabaja «para llegar al fondo de la cuestión y que no quede ninguna duda de cuáles fueron las circunstancias y el relato real de los sucedido ». Finalmente, publicó ayer su declaración oficial en su perfil de Instagram: «Niego haber abusado, coaccionado o faltado el respeto a ninguna mujer . Esas acusaciones son absolutamente falsas y me causan una gran tristeza. Nunca había sentido tanta maldad, pero me quedan fuerzas para que la gente conozca toda la verdad». No parece casual que haya roto su silencio pocas horas después de saberse que ha contratado al abogado José Antonio Choclán , el mismo que defendió a Carlos Iglesias , hermano de Julio, en un caso de fraude fiscal que acabó en una condena de seis meses de prisión y una multa de 30 millones de euros. Además de contar con clientes como Corinna Larsen , Cristiano Ronaldo o Aldama , el letrado es conocido en el mundo judicial por sus hábiles negociadores con la Fiscalía . Mientras tanto, la familia Iglesias ha optado por la total discreción. El único que ha hecho declaraciones públicas ha sido Juan de la Cueva en el programa 'El tiempo justo': «Mi primo es muy besucón con las mujeres y con los hombres (…) Lo que hay es muy mala leche (…) Que está medio paralítico, joder, que no tiene media bofetada. Si una tía le hace algo, le pega un empujón, lo tira al suelo. No tiene capacidad para violar ». Este familiar apuesta porque todo sea una venganza orquestada por Frank Rainieri , un millonario dominicano que no perdonó al cantante que abandonara un proyecto empresarial en el que participan junto a Oscar de la Renta . Su mujer, Miranda Rynsburger , se ha limitado a poner un mensaje de apoyo al comunicado publicado en redes sociales. «A tu lado, siempre» , ha escrito junto a un emoticono de un corazón. La experiencia de Susana Uribarri ha servido para confirmar que durante los años en que trabajó en Miami, Julio estaba tan seguro de llevar una vida sin secretos que no se molestaba en pedir contratos de confidencialidad. Susana describe al que fuera su jefe como «un gran profesional que trataba con generosidad y respeto a su gente. Yo no tengo más que palabras de agradecimiento por todo lo que aprendí con él. Serio cuando debía serlo, pero siempre manteniendo las formas, porque ante todo es una buena persona. Yo no reconozco al Julio del que hablan. Y me parece injusto que se trate así a un artista que ha hecho tanto por España. Creo que debemos escuchar a todas las partes, sin especular, hasta que la Fiscalía y los abogados se pronuncien». La batalla por el relato ha convertido los sucesos denunciados (ocurridos en 2021) en un juicio mediático a toda una trayectoria vital . De pronto, vemos con otros ojos los reportajes, las entrevistas o las apariciones en televisión, como un viejo encuentro con Susana Giménez , la estrella argentina, recuperado por las redes sociales: ella intenta zafarse de los abrazos, manoseos y besos de un Julio Iglesias que sonríe mientras insiste una y otra vez, haciendo caso omiso de las negativas de la presentadora, que recurre en vano a recordarle que está casado. Sin embargo, ante el fenómeno viral, la propia Susana ha explicado que todo era un juego: «Siempre me daba besos porque somos amigos desde hace 50 años. Lo amo, lo admiro, es un caballero. Es realmente un señor. Y siempre juega con eso, me da besos todo el tiempo. Conocí a Miranda, se lo dije, y ya está». Por los programas latinoamericanos están desfilando las 'noteras' (reporteras) y 'panelistas' (contertulias) que recuerdan el comportamiento del artista, que las piropeaba, tocaba y besaba, así como las órdenes que recibían de los productores para que se dejaran hacer «porque es Julio Iglesias». Por ejemplo, Marcela Tauro ha relatado que la agarró, le dio un pico y la sentó en su regazo tras una entrevista: «Yo era muy joven y ese momento te incomoda. Pero no solo me lo hizo a mí, pasó con todas las periodistas de 'Gente', respondía a un patrón», relataba en directo. Ese papel de galán compulsivo también se aprecia en entrevistas en España a Inma del Moral o Emma García , que circulan en las redes como ejemplo de un juego que ha envejecido muy mal. Con todo esto, las estadísticas reflejan que la reputación del cantante está en estos momentos por los suelos. Así lo reconoce Rosa Villacastín : «La sociedad ha cambiado mucho y lo que antes nos parecía una gracia, ahora no la tiene. No podemos ser cómplices ni justificarlo con un 'Es que Julio es así.' Una cosa son esos besos y otra muy distinta lo denunciado. Cuando escuchas los audios de esas chicas se te cae el alma a los pies. No sé qué pensarán sus hijos ». Aunque la Justicia dominicana no ha intervenido en el caso porque a la Procuraduría no ha recibido denuncia alguna, la prensa local ya titula con la duda de si el español afincado en tierras caribeñas es un truhán o un señor, porque al margen de señalar sus éxitos musicales, repasa pasadas situaciones que, desde la perspectiva actual, resultan chocantes, como su presentación en un concierto en Punta del Este, Uruguay, cargada de nostalgia algo desubicada para nuestros tiempos: «La primera vez que vine tenía 24 años y hacía el amor tres veces al día ». Ese era el Julio de las 3.000 amantes, el galán por antonomasia que se confesaba adicto al sexo , aunque en aquellos gloriosos años las mujeres se le echaban a sus brazos sin que él tuviera que hacer nada para conquistarlas. Eso es incuestionable. De hecho, no consta denuncia alguna en aquellos años de éxito, juventud y poder. Además, presumir de una intensa vida sexual no es delito.