James O. Curwood, el cazador y un pollo asado al estilo western

El molinero hizo una mueca y se encogió de hombros. Luego dijo: Allá abajo, en el río lo pasan muy bien. ¿Ves aquella hoguera grande? Pues en ella están asando un buey que el señor mandó matar para que mañana, a la hora de la marcha, esté ya preparado. Yo les he mandado ciento cincuenta kilogramos de harina ordinaria, los cuales, mezclados con patatas, berzas, nabos y calabazas llenarán sus estómagos hasta la hora de partida. Pero los de dentro, el haut monde de Quebec, amiguito, necesitan pollos tiernos asados y pastelería fina, todo en tal cantidad que la cocina ha sufrido las consecuencias. Me parece que esta noche no descansarán ni el molino ni el horno, pues el Intendente ha dado también orden de que se haga un ciento de hogazas…».