Muy persuasiva», con enorme «poder de convicción» y gran «empatía». Son las cualidades de las que una mujer se valía para, con la complicidad especialmente de su hijo y durante una temporada también de quien fue su pareja, embaucar a personas «vulnerables» para que cayesen en las redes de sus terapias, camufladas bajo un falso título de medicina y con las que habían conseguido hacer de la estafa su «modus vivendi». Ya han sido detenidos por la Guardia Civil de Burgos. Y no era la primera vez que salían engrilletados de la vivienda de Sandoval de la Reina (un pueblo de apenas medio centenar de habitantes a unos 50 kilómetros de Burgos) después de que a mediados del pasado año los agentes ya arrestaran a la falsa doctora y su vástago. Ahora, gracias al pormenorizado análisis de la abundante documentación incautada entonces y la inspección de los teléfonos móviles han vuelto a ser detenidos , imputándoles más delitos que los de estafa, contra la salud pública e intrusismo profesional, por los que ya habían sido conducidos al cuartel. En su historial policial pesan ya también usurpación de identidad y falsedad documental. Todo un conjunto de ilícitos entrelazados dentro de ese engranaje de actividades –que iban desde las falsas terapias a la venta de perros sin licencia o firmar recetas veterinarias con el número de colegiado de otra persona– que tenían montadas desde hace al menos diez años y con las que habían conseguido hacerse con cuantiosos ingresos. En sus cuentas bancarias habían entrado 285.000 euros mediante transferencias en los últimos siete años, y eso que ni madre ni hijo –de 48 y 24 años de edad– tenían actividad laboral alguna y, por tanto, carecían de ingresos legales. Además, «muchos tratamientos» eran abonados en efectivo , según han detallado las víctimas a la Benemérita, por lo que calculan que lo estafado ha sido muy superior. También, que «hay bastantes más víctimas» que las diez localizadas y que han denunciado entre la primera fase de la operación bautizada como 'Anabur' y esta segunda. La otra pata del 'negocio', y en realidad la inicial, era un criadero ilegal de perros de raza Bulldog inglés, con los que se movían por ferias. Allí no sólo vendían las mascotas «que nunca recibían los compradores», sino que les servían de gancho para hacer contactos de susceptibles víctimas. 'Ponían la oreja', escuchaban conversaciones y ahí la falsa doctora, que llegó a presentarse como neurocirujana ofrecía sus servicios de curación. En general, se fijaba en personas con «vulnerabilidad mental o física» que debido a sus patologías trataban de encontrar «un tratamiento alternativo» y «cualquier clavo ardiendo que les salga, se agarraban a él». Cáncer, dolores musculares, depresiones, obesidad... Las dolencias que se ofrecía a tratar con un conjunto de falsas terapias que iban de la reflexología podal, a la acupuntura, kinesología, masajes, pastillas... Y con tratamientos «extremadamente» caros con precios «desorbitados»: desde casi 300 euros por una bolsa de píldoras –que ellos mismos fabricaban a base de hierbas y productos medicinales que el hijo, junto a la expareja, se encargaba de preparar y enviar– a los 1.900 por una sesión de terapia kinesológica. Las agentes sitúan en unos 177.000 euros el dinero estafado con fraude por los tratamientos prescritos para esas supuestas curas, logrando hacer del «engaño» su sustento económico. Hubo alguna víctima que dudó de su formación y preguntó por el título, que ella decía tener de una asociación estadounidense con especialidad en neurología, neurocirugía, neurofisiología clínica y diagnóstica. Pero no existía. Como tampoco el de veterinaria que presentaba para falsificar las recetas de sus animales, ahorrándose así la visita al profesional para obtener los medicamentos. El número de colegiado era real, pero en realidad pertenecía a otra persona. Fue una denuncia interpuesta hace ya un año la que puso sobre la pista a los agentes. La mujer dijo sentirse «engañada» por una supuesta neurocirujana que, pasado el tiempo, descubrió que ni contaba con acreditación profesional ni las pastillas que le recetaban cumplían el propósito que decían tratar. «No» todas las víctimas han querido denunciar , reconocieron ayer desde la Guardia Civil, aunque la documentación incautada y la información difundida por los medios sí animó a algunas más a hacerlo. Seis se han sumado en esta nueva fase, aunque por tratamientos previos. No sólo están localizadas en Burgos, donde residían actualmente. También hay en Asturias, Guipúzcoa y Valencia, donde madre e hijo vivieron antes y también «pasaron consulta», además de dejar tras de sí daños y deudas en viviendas alquiladas y tratamientos veterinarios sin pagar. Sin rastro en redes sociales, era el «boca a boca» lo que hacía que también ganase más pacientes, confiados por esa supuesta doctora que gracias a su «empatía» lograba introducirse en el «círculo más cercano» de sus víctimas, desde el que obtenía información en su propio beneficio. Tenía hasta tres seudónimos «para enmascararse» y con los que se presentaba, «lo que refuerza el fraude que llevaba a cabo desde el año 2015», explicaron desde Guardia Civil. Bajo el nombre de 'Hada' ejercía de supuesta médica ; 'Celia' era el perfil para la venta de perros e 'Israel' el empleado para hacerse pasar por veterinaria y falsificar las recetas de antibióticos, antiinflamatorios o vacunas para los animales. Madre e hijo eran de nuevo detenidos en Sandoval de la Reina donde apenas tenían contacto con los vecinos. De hecho, ayer la noticia de su arresto les sorprendía, entre dudas sobre si todavía seguían residiendo allí y el desconocimiento de las actividades ilícitas que presuntamente cometían, informa Pedro Sedano. En su entorno más próximo, los arrestados trataban de pasar desapercibidos y no se relacionaban. La investigación dentro de la operación 'Anabur', tras estos nuevos arrestos, continúa abierta.