PP y Vox suman hoy 12 millones de votos que se traducirían en 194 escaños, dieciocho por encima de la mayoría absoluta, situada en 176. El análisis independiente de las tablas del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicado este viernes, amplía la ventaja de la derecha, sin visos de que vaya a cambiar a corto plazo, con Vox catapultado, el PP dejándose llevar por la ola de los de Abascal y la izquierda sin señales de recuperación. El trabajo de campo de este CIS se realizó entre el 5 y el 10 de enero , con lo que no recoge los efectos del acuerdo de Gobierno central y la Generalitat en las negociaciones con ERC sobre el nuevo modelo de financiación autonómica. Pero sí las elecciones extremeñas , la operación de Estados Unidos para capturar a Maduro y su resaca posterior, las amenazas de Trump a Groenlandia que han puesto en jaque la autonomía europea, y los registros realizados por la Guardia Civil en diciembre a empresas públicas en el marco de la investigación que desarrolla la Audiencia Nacional . Uno. 1.555.000 votantes del PP en 2023 cogerían hoy la papeleta de Vox. La transferencia de un partido a otro está en el punto más alto de los últimos tres años y medio. Dos. La izquierda no logra sacar de la abstención a un 1.100.000 votantes que siguen a día de hoy desmovilizados, y sobre los que fía gran parte de sus esperanzas en la recta final. Tres. El pulso entre los bloques de 2023 se estabiliza tras crecer varios meses de manera consecutiva, con un saldo favorable a la derecha de más de 700.000 electores. Cuatro . El PP no tiene asegurada la primera plaza. Mantiene el 28% de diciembre apenas unas décimas por encima del PSOE (27,5%), que ha retrocedido ligeramente en las últimas semanas. La visión retrospectiva respecto al resultado que obtuvieron en las elecciones de 2023 nos habla de un Partido Popular que pierde 5,1 puntos y 20 escaños y de un Partido Socialista que cae 4,2 puntos y 10 diputados. Cinco. Aumenta la fuga de voto del PSOE a Vox en detrimento del PP. No es que la transferencia a las derechas se amplíe respecto a diciembre, sino que parte del voto que se iba al PP, se va ahora a Vox, en un proceso que se viene manifestando de unos meses a esta parte. En enero son 397.000 los votantes del PSOE que optarían por el PP y 332.000 los socialistas que optarían por Vox. Hace un año la transferencia de izquierda a derecha se producía casi exclusivamente al PP. Al menos esa es la impresión que queda a tenor del marco comunicativo de esta semana, en la que han abundado las encuestas que han elevado las expectativas de voto de la formación verde . Los titulares van en la misma dirección: Vox se dispara al 18% y eleva a 13 puntos la ventaja del bloque de la derecha sobre la izquierda (El País). Abascal registra un nuevo techo y eleva la suma conservadora, que arrebata más de 500.000 votos a la izquierda (El Mundo) Sacudida electoral: Feijóo mantiene 40 escaños de ventaja sobre Sánchez pero Vox ya está a sólo otros 40 del PSOE (El Español) Lo de Vox se veía venir desde hace tiempo. Los análisis mensuales de los microdatos de los barómetros del CIS que venimos publicando en infoLibre ya advertían desde hace meses de la efervescencia de la derecha antisistema. Antes del verano situábamos a los de Abascal por encima del 18%, con margen para crecer hasta el 20% , donde debería vencer una resistencia, vinculada a la pirámide demográfica española, si quería seguir escalando. Ya estamos en ese punto. La lectura de parte que también empieza a deslizarse en alguna tertulia y medio de comunicación es que la segunda posición podría llegar a estar comprometida si Vox sigue creciendo, lo que nos llevaría al escenario de algunos países como Portugal, Países Bajos, Suecia, Francia, Italia , y otros, en los que la socialdemocracia, o las izquierdas en su conjunto, se han visto relegadas tras ser actores cardinales de las últimas décadas. ¿Es eso posible en España? En España hay casuísticas importantes: la primera es que el PSOE obtiene un altísimo porcentaje de voto entre mayores de 65 años , cercano al 30% sobre el censo, seguido por el PP con el 20%, en un país como el nuestro en el que los mayores de 65 suponen alrededor de una cuarta parte del censo electoral. La segunda es que en algunos de estos países, y en otros en “transición” hacia este modelo, como Alemania, el partido conservador ha hecho de la oposición a los populistas de derechas una de sus banderas , algo impensable aquí. La tercera es que la implantación en provincias medianas y pequeñas del PSOE (y del PP) dificultan esa posibilidad, que de suceder podría poner en jaque a cualquier de los actores del bipartidismo . No en vano Vox no se expresa como muletilla del PP sino que aspira a ser hegemónico en la derecha. En febrero de 2022, cuando las tropas rusas invadieron Ucrania , el PP tocaba fondo con una estimación que caía por debajo del 20% a causa de la grave crisis orgánica que vivió en los estertores de la época de Pablo Casado . De ahí hasta marzo de 2024 experimenta un ascenso vertiginoso a lomos de la llegada desde Galicia de Alberto Núñez Feijóo , que lleva al PP a ser primera fuerza destacada con el 35% de los votos. Un alza con sus vaivenes, como la caída posterior a las elecciones de 2023 en las que ya se veía en La Moncloa, pero en todo caso consistente. En ese proceso Vox perdió pie, hasta el punto de que temió caer por debajo de la barrera psicológica, y muy dañina en términos de ley D’hondt, del 10% de los votos. Parece que habláramos de hace una eternidad, pero esto sucedió hace bien poco… En el lado izquierdo, el PSOE, aun con sus problemas y con una estimación que no llegaba al 30%, mantuvo en todo ese periodo una extraordinaria estabilidad, reforzada tras una gran campaña electoral y el resultado de las elecciones generales, al mismo tiempo que Sumar se iba debilitando. El peso en todo aquello de la guerra de Ucrania puede definirse de reducido , habida cuenta de que los bloques se mantuvieron sin grandes movimientos hasta la recta final de las elecciones, pero alguna incidencia tuvo. Donde más se pudo sentir, por desgaste o incomodidad, fue en Vox y en Podemos , sobre todo en el primero, que tuvo que hacer equilibrios para justificar su posición, en un momento además de tendencia electoral a la baja. El CIS es bastante concluyente a este respecto: mientras 7 de cada 10 votantes de PP y PSOE se mostraban preocupados por lo que estaba sucediendo en Ucrania , en el caso de Vox eran “solo” 4, lo que mostraba a un electorado dividido y a un partido timorato en la denuncia. En octubre de 2023 se produce el ataque de Hamás contra Israel , seguido de la campaña militar israelí en La Franja. En los primeros meses de conflicto, con el shock de los atentados de Hamás presente, la derecha aumenta la brecha frente a la izquierda. En esos momentos, el PP mantenía una tendencia alcista tras pasar el duelo por el resultado de las elecciones generales y, sobre todo, Vox despegaba tras muchos meses cayendo . La guerra sigue y el relato empieza a virar. La primavera de 2024 es ya un suplicio para el PP. Con Gaza le sucede como con tantas otras cosas: la indefinición . Vox, sin embargo, marca una posición nítida: aunque hay una mayoría de españoles crítica con la intervención israelí, hay una derecha que sintoniza con el discurso claro y sin ambages de los de Abascal. Hay un dato que resulta apabullante: 8 de cada 10 mujeres zeta , millennials (menores de 35 años) y boomers (mayores de 65) se mostraban preocupadas, sin embargo mientras 8 de cada 10 hombres boomers mostraban su preocupación, solo 4 de cada 10 millennials o zeta lo hacían. La franja joven masculina, esa en la que Vox es hegemónico desde hace tiempo, rompía de nuevo la homogeneidad del posicionamiento por generaciones. Mientras tanto el electorado popular se mantenía dividido a partes iguales: 50% preocupado, 50% no lo estaba. Como sus dirigentes. Al PP se le vio descolocado (recordemos el debate sobre si era genocidio o el distinto discurso de Feijóo y de Ayuso), lo que a la postre redujo la transferencia de votos que le llegaban del PSOE y aumentó la que se iba a Vox. Esta dinámica se multiplicaría tras salirse Vox de los Gobiernos en verano de ese mismo año y tras ganar Trump las elecciones en noviembre. Ya en 2025 el recrudecimiento de la guerra y la mayor beligerancia activista de la izquierda (Vuelta Ciclista y otros momentos álgidos) frena la caída de PSOE y Sumar , que estaban sufriendo electoralmente un duro castigo por la fatiga acumulada por sus votantes tras los escándalos de corrupción asociados al Gobierno que les habían ido minando el último año. Puede concluirse que el lado izquierdo cogió algo de aire en torno a la causa gazatí. No en vano, 9 de cada 10 votantes de Sumar y PSOE se mostraron preocupados desde el inicio y Sánchez jugó un rol internacional importante en esos momentos, pero si nos ceñimos al impacto electoral, fueron pequeñas inyecciones de oxígeno, insuficientes para voltear el tablero político nacional. Desde luego, muy lejos de lo que ocurriera con la ya lejana guerra de Irak, donde incluso la derecha mostró una oposición decidida el envío de tropas. Una diferencia entre Gaza y lo que pasó con Ucrania, es que con el primero no hubo tampoco una mayor fuga de votos de Sumar al PSOE, y sí movilización de ambos en la recta final, desde el verano hasta el fin de las hostilidades. Mirando ya al futuro, está por ver qué ocurrirá si finalmente España envía tropas de paz a tierras ucranianas. Ya en 2026, el pasado 3 de enero, las fuerzas especiales de Estados Unidos capturaron a Maduro. Este barómetro del CIS es el primero que recoge el impacto de este suceso, así como las amenazas del presidente norteamericano en relación a Groenlandia. Y las conclusiones apuntan a que una vez más Vox sale fortalecido, el PP descolocado y la izquierda incapaz de activar al electorado dormido o desafecto. Aunque el CIS da una radiografía crítica de la intervención de Estados Unidos en Venezuela , lo que sigue pesando es la realidad doméstica. Prueba de ello es que una mayoría de votantes de izquierdas –9 de cada 10– se manifiestan contrarios a la intervención, pero eso no evita que una parte de ellos se sitúe en la abstención de cara a unas hipotéticas elecciones generales. En la derecha la foto es muy diferente, sólo 1 o 2 de cada 10 votantes consideran que la actuación de Trump fue incorrecta. Siendo en términos de adhesión los de Vox los más significados. A este respecto resulta paradójico que la mitad de electores de derechas considere que la intervención vulneró la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional, de lo que se infiere que lo que está en duda para una parte de ellos no es la propia acción militar sino la vigencia de las normas, actores y organismos que nos han regido las últimas décadas. Lo que no varía es la desafección y la sensación de carestía. Para un 25% de españoles los políticos y los partidos son el principal problema de nuestro país , seguido de la vivienda (24%). Cuando la desafección y la carestía se cronifican, lo que se resquebraja es la legitimidad del propio sistema que las sostiene. ___________________________ Rafael Ruiz es consultor y analista de datos en asuntos públicos en Logoslab.