Flores que flotan en el agua

En 1931 el director James Wahle imaginó el encuentro del extraño ser que había sido creado por el barón Frankenstein con una niña que lanzaba flores al agua. La flores no se hundían sino que de alguna forma navegaban como maravillosos bajeles en un reino de hadas, la belleza no se extinguía nunca. La niña y la criatura sin nombre jugaron juntos. Acaso ella también flotaría o caminaría sobre las aguas o respiraría bajo ellas, como sucede de continuo en los sueños. El primer homicidio cometido por un desconocido sin nombre sólo fue un juego nacido bajo el imperio de la imaginación. La niña se llamaba María.