Hoy por hoy: Polleras y pendientes

Hoy Las Tablas concentra la atención nacional con un desfile que resalta el traje típico y una tradición cultural que merece ser preservada. Esa es la buena noticia: la cultura sigue siendo un punto de encuentro y orgullo colectivo. Pero la celebración también deja al descubierto límites que no deben ignorarse. Que el Ministerio de Economía y Finanzas haya tenido que recordar que los recursos públicos no pueden usarse para engalanarse —ni disfrazarse de interés cultural— revela cuán frágil se ha vuelto el respeto por lo básico en la administración pública. La fiesta ocurre, además, sobre un trasfondo incómodo. El intercambiador de Chitré fue inaugurado recientemente tras más de ocho años de retraso, tiempo en el que los vecinos asumieron los costos de una obra paralizada. Ese retraso dialoga con otra deuda aún más sensible: Las Tablas sigue sin agua potable tras casi ocho meses, una realidad que no se suspende por un desfile. Quien visita celebra por horas; quien vive allí convive con la espera. La cultura no debe servir para ocultar lo que el Estado aún no resuelve. Celebrar es válido; normalizar el abandono, no.