Barullo socialista

El oscuro asunto de la reforma de la financiación autonómica está dando que hablar. La propuesta conjunta de socialistas y separatistas resulta una muestra supina de trato de favor, de privilegio. En palabras de la propia ministra del ramo, María Jesús Montero, “pone en riesgo el principio de equidad”. Claro que eso era antes, ahora ya no, ahora defiende que lo que ayer ponía en riesgo la equidad es una muestra de solidaridad. Tal cual, sin rubor en la mudanza. Y es que, visto lo visto, la brújula moral del socialismo rampante parece estar averiada. Lo dijo Antonio Banderas esta misma semana: no es lo mismo cambiar de opinión que de principios. Vino a decir lo que han dicho otros conspicuos socialistas: ellos están donde estaban, los que afirman lo que antes negaban son Sánchez y su cohorte. Cambiar de opinión entra dentro de lo razonable, cambiar de principios levanta siempre sospechas. Inevitablemente ese cambio de principios ha defraudado a muchos socialistas, entre ellos, al propio Banderas. Sánchez ha venido trastabillándose hasta caer en este feo asunto de la reforma de la financiación autonómica. El mismísimo Ibarra ha declarado que seguirá votando al PSOE, pero tachará de la lista a los diputados extremeños que apoyen la financiación singular para Cataluña; lo cual no deja de ser una enternecedora muestra de fidelidad a las siglas de toda su vida y, a la vez, de pataleta de niño que se niega a respirar.