Hay un error que se repite cada vez que un hombre poderoso es señalado por denuncias de abusos, pensar que el problema tiene que ver con el acceso. Como si quienes lo tienen todo, dinero, fama y prestigio actuaran desde la carencia. Es justo lo contrario. El abuso no nace de la falta sino del exceso de poder. No es el deseo insatisfecho, es jerarquía confirmada, la necesidad de comprobar que los límites ajenos son frágiles y que los tuyos no existen.