Alberto tenía 16 años y su hermana Fina, 22 cuando, en el año 1984 y gracias a un préstamo de 7 millones de pesetas que avaló su padre —una fortuna para la época—, cogieron el traspaso de la cafetería Alameda, uno de lo negocios de propiedad municipal más populares de la ciudad. Ahora el Concello de Ourense vuelve a sacar a licitación esta instalación, pero Fina y Alberto no van a optar al concurso; han decidido que, pese a la nostalgia y a tener la maleta llena de anécdotas profesionales y personales vividas detrás de esta barra —aunque no les ha llegado aún la edad de jubilación— ellos se van. Son 42 años al frente de un local emblemático al que han dado su propio carisma y «ahora toca descansar un poco y vivir; hemos trabajado mucho», explican.