Menos lobos, caperucita

Cuando, en 1968, con 23 años, acabé el servicio militar (Milicias Universitarias), me matriculé de abogado y me casé, ganaba al mes 10.000 pesetas, de las que 4.000 iban a pagar la renta del piso de alquiler. Como es natural antes de dar el paso tuvimos que hacer bien las cuentas, incluidas largas listas con las compras necesarias (tantos kilos de patata, arroz, aceite, jabón, dentífrico, etc.), con su precio. En el viaje de novios nos estiramos un poco gracias a los regalos, viajando a Madrid, Valencia y Barcelona en un Citroen 2 CV. Tras la boda (a la que seguirían tres hijos, uno por año) yo trabajaba seis días a la semana y la mañana del domingo, con la tarde de éste de descanso. Esas historias pertenecen a un tiempo muy, muy lejano, claro, pero cuando oigo otra historia, ésta actual, la de que nuestros hijos y nietos vivirán peor que nosotros, me entra la risa floja.