En mayo del año pasado, usuarios del parking del puente Trujillo de Plasencia y la asociación vecinal Intramuros se quejaron públicamente de que el espacio se había convertido en un basurero. Acumulaba entonces bolsas, papeles, botellas, restos de orín, e incluso excrementos. Ocho meses después, la suciedad ha vuelto y, además, se ha convertido en refugio de personas sin hogar.