David Garzón, gerente de un gimnasio: "Abrimos en 2025 y tenemos más de 13.000 personas inscritas, al final de este mes comenzaremos con la lista de espera"

El paisaje social en España está cambiando. Mientras en el último año han cerrado 40.000 bares, cada día abren más gimnasios, consolidándose como el nuevo epicentro de la vida social y el cuidado personal. Ya hay más de 5.000 centros deportivos en el país, muchos de los cuales, como algunos de los más grandes de la capital, cuentan con 13.000 inscritos y están a punto de abrir listas de espera. Este fenómeno demuestra que el gimnasio ha trascendido el mero culto al cuerpo para convertirse en un pilar fundamental del bienestar y la interacción social. Lejos de ser un lugar intimidante, el gimnasio se ha transformado en un auténtico "club social", como lo define Sara, instructora y responsable de área en un gran centro madrileño. "El objetivo nuestro también es ese, que se conozcan, interaccionen, y al final, el motivo un poco es vengo, entreno, pero conozco a la gente, y eso es también es lo que te hace volver", explica. La socialización es un factor clave que fomenta la adherencia al ejercicio físico. David Garzón, gerente de uno del Centro Deportivo Sportrade de Cuatro Caminos, confirma esta tendencia y lo posiciona como un remedio contra uno de los grandes males de la sociedad moderna. "Hoy día también las cuestiones de soledad, que están tan de moda, pues aparecen, y el gimnasio es un sitio que justo va en línea contraria a eso". Se trata de un espacio "divertido, sano y saludable" que acoge a un público increíblemente diverso, desde bebés de seis meses en clases de matronatación hasta usuarios de 90 años que acuden diariamente. La prueba viviente de este fenómeno son personas como Jesús, de casi 81 años, que acude al gimnasio con regularidad. Su rutina incluye bicicleta, cinta y un circuito de máquinas. ¿Su motivación? Un refrán que resume una gran verdad: "El que mueve las piernas mueve el corazón". Para él, el centro no solo es un lugar para mantenerse en forma, sino también un entorno amable donde los monitores "son muy amables" y siempre están dispuestos a ayudar. En la piscina, un grupo de más de 30 personas, la mayoría mayores, sigue con energía una clase de aquagym. Entre ellas se encuentra Josefa, de 81 años y medio, quien asiste "todos los días" que puede. "La edad me necesito movimiento, sí o sí. Y, entonces, es lo mejor que puedo hacer, el venir aquí, a estas clases que son estupendas", afirma con convicción. Para ellos, el ejercicio no es una opción, sino una necesidad vital. La psicóloga Inés Cano aplaude esta tendencia, calificándola de "buenísima". Subraya que "cuanta más edad se tiene, más importante es cuidar el cuerpo y prevenir el envejecimiento desde el autocuidado". Además, destaca el valor de la socialización: "Cuando vas a un gimnasio, pues conectas con otras personas, tienes un sentido de la pertenencia", algo especialmente crucial para combatir la soledad en las grandes ciudades. Aunque existe el riesgo de que el ejercicio se convierta en una adicción, como la vigorexia, la experta aclara que "por lo general, no suele suceder". Según Cano, la mayoría de las personas, sobre todo los mayores, acuden desde un lugar de "autocuidado, de querer conectar, de querer cuidarse y de estar presentes, y no tanto desde la obsesión". En una sociedad cada vez más sedentaria y conectada a las pantallas, el gimnasio se erige como una alternativa saludable para el cuerpo y la mente. El acceso a estos beneficios es, además, cada vez más asequible. Con tarifas que van desde los 14 euros al mes para mayores de 65 años hasta un máximo de 47,45 euros para el resto, estos centros han democratizado el bienestar. El gimnasio ya no es solo un lugar para levantar pesas; es un espacio de encuentro, salud y comunidad. Como en tantos otros aspectos de la vida, la clave parece estar en el equilibrio, porque, al final, "en el justo medio siempre está la virtud".