La caída del cabello en mujeres y adolescentes es una preocupación que suele aparecer de forma silenciosa, casi sin avisar. Un día el cepillo acumula más pelo del habitual, la coleta pierde volumen o el cuero cabelludo empieza a transparentarse. Aunque perder cabello a diario es normal, cuando la caída se intensifica o se prolonga en el tiempo, conviene prestar atención. El cabello no cae porque sí, sino que en la mayoría de los casos responde a cambios internos del organismo. Uno de los factores más determinantes son las hormonas, especialmente en etapas como el posparto, la menopausia o por alteraciones de la tiroides, que influyen directamente en el ciclo capilar. El síndrome de ovario poliquístico también puede estar detrás de una pérdida progresiva de densidad. Junto a las hormonas, el estrés ocupa un lugar destacado. Situaciones de ansiedad mantenida o episodios vitales intensos pueden desencadenar el llamado efluvio telógeno, una caída abundante que suele aparecer semanas o meses después del momento de mayor tensión. Muchas mujeres no asocian ambos hechos, pero el vínculo es directo. La alimentación es otro pilar fundamental. El cabello necesita hierro, vitaminas y minerales para crecer fuerte, por lo que los déficits nutricionales lo vuelven frágil y provocan su caída. Las dietas restrictivas o una nutrición desequilibrada pasan factura antes de lo que parece. A esto se suma el impacto de los hábitos externos, como el uso excesivo de planchas, tintes o peinados muy tirantes, que pueden provocar rotura o alopecia por tracción. En las adolescentes entran en juego los cambios hormonales de la pubertad, el estrés académico y la presión social. Aunque la caída suele ser temporal y reversible, no debe normalizarse, ya que a veces se relaciona con trastornos como la tricotilomanía (impulso de arrancarse el pelo) o enfermedades como la alopecia areata, que provoca calvas en zonas concretas. Cuando la caída es intensa, persistente o se acompaña de otros síntomas, lo más recomendable es consultar con un especialista. Detectar la causa a tiempo permite actuar con eficacia, porque la caída del cabello se puede frenar y el pelo, con los cuidados adecuados, tiene una notable capacidad de recuperación.