Su nombre en redes es el venegalle, una declaración de intenciones que fusiona sus dos identidades. Christian Daniel es un venezolano de Caracas que con 29 años, y tras una década viviendo en Galicia, se siente "gallego con mucha honra". Llegó a los 19 años buscando un futuro mejor y hoy utiliza su voz en internet para contar su historia, mostrar su día a día y, sobre todo, tender puentes entre sus dos culturas. La adaptación de Christian no se limitó a las costumbres o al clima, sino que abrazó el idioma como parte fundamental de su integración. "Mínimamente como agradecimiento, es decir, 'estoy aquí, vivo aquí', un mínimo gesto de agradecimiento para vosotros es hablar vuestro idioma", explica. A pesar de que sus padres son portugueses, nunca le enseñaron el idioma del país vecino, lo que no le impidió aprender gallego por su cuenta, un gesto que considera esencial para honrar la tierra que le ha dado una nueva vida. Recuerda con humor cómo su palabra favorita pasó a ser tixola por lo que le costó aprender a pronunciarla o cómo al principio a todo le ponía la interjección "oh". Esta decisión de hablar gallego, sin embargo, también le ha traído críticas de compatriotas venezolanos. "Muchos no entienden que puedo poner a Venezuela y a Galicia por todo lo alto", comenta, defendiendo que hablar otro idioma no significa abandonar sus raíces. Sus primeros recuerdos en Galicia están marcados por el frío y la lluvia invernal de Santiago de Compostela. "Llovía muchísimo, mierda, qué frío", rememora sobre su llegada en coche desde Madrid a finales de 2016. Una de las imágenes que tiene grabada es la de su primera comida: un bocadillo de jamón serrano en un local 24 horas, una anécdota sencilla, pero que para él tiene un significado especial. También tiene muy presente sus viajes en autobús a Arzúa para su primer trabajo, esperando en la parada "diluviando muchísimo". Lejos de quejarse, Christian ha adoptado una filosofía vital. "La puerta es bien grande, tú estás aquí porque quieres. O te adaptas o te marchas", afirma, una lógica que aplica a todo en la vida, como a la lluvia: "No la puedo cambiar. O cojo el paraguas y el chubasquero o me quejo". Recientemente, acudió a una manifestación en Santiago, en la que había representación del BNG, en contra de la "intervención estadounidense" en Venezuela, donde se encontró con retratos de Nicolás Maduro. Su objetivo era entender el punto de vista de los asistentes. "Mi función era entender su ideal", asegura, pero se encontró con un "gran desconocimiento" sobre la realidad del país. Durante el acto, en el que se sintió vigilado, interpeló a varios manifestantes con una pregunta directa: "¿Por qué tú defiendes algo que a mí me hizo salir de mi país, cuando ni siquiera sabes lo que es estar allí?". La frustración de Christian es palpable al hablar de quienes idealizan un régimen sin conocerlo. "Es muy fácil idealizar algo que no has vivido", lamenta. Ante los argumentos que escuchó, su mensaje es contundente: "Si no lo has vivido, con todo respeto, cállate la boca. Hay personas que han muerto por esto, que han sufrido por esto". Él mismo, que se considera "un suertudo", recuerda episodios de su juventud en Venezuela, como cuando un guardia le robó la llave de su moto durante las protestas de 2014 simplemente por pasar por allí. A pesar de todo, no pierde sus raíces. Las navidades son su mejor recuerdo de Venezuela, con las tradicionales hallacas y el pan de jamón. "Nunca vas a olvidar de dónde vienes", dice, aunque reconoce que no sabe si volvería. Ahora su vida está en Galicia, junto a su novia gallega, y su foco está en su faceta como creador de contenido, donde muestra "las cosas buenas y las malas" para motivar a otros, pidiendo siempre una cosa por encima de todo: "Solo pido empatía, más nada".