La ciudad de Sevilla se prepara para un viaje en el tiempo hasta marzo de 2026, cuando conmemorará el quinto centenario de la boda entre el emperador Carlos V e Isabel de Portugal. Este evento histórico, que ratificó a la capital hispalense como el corazón de un imperio global, será celebrado con un ambicioso programa de actividades. Para analizar la trascendencia de este enlace, el historiador Rafael Roblas ha desgranado algunos detalles menos conocidos en el programa 'Herrera en Cope Más Sevilla'. Aunque las crónicas a menudo evocan un romántico flechazo entre los novios, que no se conocían en persona, la realidad pudo ser bien distinta. Según Roblas, la boda se celebró a las doce de la noche del mismo día en que se vieron por primera vez. El historiador rompe una lanza por una teoría menos romántica que apunta a la estrategia del emperador. Carlos V afrontaba una posible pena de excomunión por la muerte del obispo de Zamora, uno de los comuneros, lo que le impedía contraer matrimonio. “Por eso le interesaba mucho casarse cuanto antes mejor”, explica Roblas. A esta urgencia se sumaba el luto por la reciente muerte de su hermana, la reina de Dinamarca, que también prescribía la prohibición de celebrar bodas. Las curiosidades que rodean el enlace no terminan ahí. Roblas añade que, según algunos testimonios, “ambos cónyuges durmieron en cama separada, pero consumaron”, describiéndolos como “ardorosos amantes”. Inmediatamente después, con la llegada de la Semana Santa, el rey se retiró al monasterio de San Jerónimo para los oficios. La elección de Sevilla como escenario para su boda no fue casual. El historiador señala que, aunque no hay una certeza absoluta, la teoría más asentada es que fue un gesto de agradecimiento. Durante los difíciles inicios de su reinado, marcados por la revuelta comunera que lo acusaba de ser un "rey extranjero", Carlos V encontró en Sevilla y otras ciudades andaluzas un "gran respaldo y una gran lealtad". Tras la boda, la siguiente capital que visitaron los recién casados fue Granada, otra de las ciudades que le mostró su apoyo incondicional. La capital hispalense vivió los preparativos con “una ilusión enorme” y una gran expectación. La ciudad se engalanó con arquitecturas efímeras para recibir a los novios, quienes hicieron su entrada por la Puerta de la Macarena. Se levantaron siete arcos triunfales a lo largo del recorrido hasta la Catedral, representando las virtudes del buen gobernante renacentista, como la prudencia, la justicia y la fortaleza. Más allá de las construcciones temporales, el enlace dejó dos grandes vestigios que aún perduran. El primero es el conocido como Pabellón de Carlos V en el Real Alcázar, que se alza sobre una construcción almohade anterior y cuya restauración se estrenará para la efeméride. El segundo es el actual Ayuntamiento de Sevilla, un proyecto que nació de la necesidad de trasladar la casa consistorial desde su antigua y modesta ubicación en el Corral de los Olmos. Las obras del nuevo cabildo comenzaron en 1526 en la Plaza de San Francisco de la mano del arquitecto Diego de Riaño. Sin embargo, su construcción se prolongó en el tiempo hasta finales del siglo XIX, lo que explica las diferencias estilísticas que presenta el emblemático edificio. Estas huellas, junto al ambicioso programa conmemorativo, permitirán a sevillanos y visitantes revivir uno de los episodios más determinantes de su historia.