El secreto antiedad está en las setas: descubre la ergotioneína, la molécula que frena el envejecimiento

Existe una molécula antioxidante natural, la ergotioneína, que es fundamental para proteger las células del desgaste diario. Nuestro cuerpo no la puede fabricar, por lo que es imprescindible ingerirla a través de la dieta. Su relevancia es tal que el organismo ha desarrollado un sistema de absorción específico para transportarla a órganos clave como el cerebro, el hígado y los riñones. La función principal de la ergotioneína es proteger el cuerpo del estrés oxidativo, un proceso similar a la oxidación que sufren los metales y que se acumula con el tiempo. Al combatirlo, esta molécula favorece un envejecimiento saludable, protege la salud cerebral y ayuda a prevenir enfermedades crónicas relacionadas con la inflamación. Según la experta en medicina natural, Carlota Laizola, "es un protector silencioso de nuestra salud y nos hace más jóvenes". Aunque los estudios en humanos aún son a pequeña escala, han demostrado que la ergotioneína mejora la memoria y el sueño. Se ha observado que los individuos con bajos niveles de esta molécula suelen presentar una peor salud y más riesgo de enfermedades. En laboratorio, se ha visto que prolonga la vida en animales, lo que sugiere su potencial para la longevidad. La principal fuente natural de ergotioneína son los hongos. Alimentos tan accesibles como los champiñones, las setas shiitake o las maitake son ricos en este antioxidante. La recomendación es incluir una ración, como unos champiñones al ajillo, al menos una vez por semana para mantener las reservas. En menor medida, también se encuentra en los cereales integrales y las legumbres. La experta aclara que "no es un medicamento, no es un suplemento, se va a tomar en una serie de alimentos". A diferencia de otros antioxidantes como la vitamina C, que actúa como un "bombero de emergencia" de acción rápida pero que se elimina pronto, la ergotioneína funciona de manera distinta. Esta molécula se acumula en los tejidos clave del cuerpo, creando un reservorio que el organismo puede utilizar cuando lo necesita. Esta capacidad de almacenamiento convierte a la ergotioneína en un sistema de "mantenimiento a largo plazo", como lo define Laizola. Funciona como si el cuerpo tuviera sus propios bomberos en reserva, listos para apagar los "pequeños fuegos" del daño oxidativo. Por ello, mientras la vitamina C ofrece una solución inmediata, la ergotioneína garantiza una protección sostenida en el tiempo.