El Bosco, Zurbarán o el mismísimo Velázquez se inspiraron en un señor que vivió hace más de 18 siglos, para crear su arte. Sus tentaciones, su vida en el desierto como ermitaño, su acompañamiento a San Pablo ermitaño son algunos de los momentos de la apasionante vida de san Antonio Abad, que han sido inmortalizados por los grandes pintores de la Historia del Arte. San Antonio nació a orillas del Nilo, allí vivió sus primeros años hasta que al cumplir 20, lo dejó todo para retirarse a la vida ermitaña del desierto. Primero vivió en una comunidad, luego, ayudó a otros ermitaños en su vida espiritual, hasta que poco a poco, se fue aislando hasta que murió el 17 de enero del año 356, más de un siglo después de su nacimiento, en total soledad. Su patronazgo de los animales viene de su relación con muchos de ellos en su larga vida asceta en el desierto. Por ejemplo, fue con ayuda de dos leones con los que sepultó a san Pablo ermitaño cuando este falleció, además, el cuervo que alimentaba a san Pablo con una hogaza cada día, siempre se acordaba de traer dos cuando este recibía la visita de san Antonio. También curó a una piara de jabalíes ciegos devolviéndoles la visión, un hecho que hizo que la matriarca de la piara no se separara de él durante el resto de su vida. Una de las posibles razones por las que se le presenta con un cerdo, aunque no la más aceptada... Durante su larga vida en el desierto, el diablo le tentó en numerosas ocasiones en forma de criaturas salvajes, una de ellas en forma de cerdo, un animal que hace mucho tiempo era considerado impuro por el cristianismo, un pensamiento que perdura en el judaísmo y en el Islam que no consumen ningún producto derivado de este animal. Por eso, para recordar la tentación constante a la que se sobreponía san Antón en su vida ascética, se le representa con un cerdo a sus pies, vencido y sometido a la victoria del cristianismo. En las fiestas populares, por san Antonio Abad, se suele matar un cerdo previamente cebado durante todo el año, para consumirlo entre todo el pueblo. Ese cerdo, durante el año previo paseaba a sus anchas por la localidad con unas campanillas atadas al cuerpo que avisaban a los vecinos de que se acercaba el cerdo de san Antón y que había que echarle de comer. Los cerdos, inteligentes, acababan yendo a las casas donde más y mejor sustento se les daba, de tal forma, el sonido de campanillas y el cerdo de san Antonio eran un símbolo de opulencia, hecho que provocaba un mayor esfuerzo de los vecinos para tener el prestigioso cerdo en su puerta. Por eso, muchas veces el cerdo que acompaña al santo en las imágenes lleva una campanilla. Además, san Antonio aprendió mucho de la observación de los animales, que le inspiraban el profundo amor divino que él sentía y en el que buscaba profundizar como ermitaño. Ahora, para recordar ese legado, es habitual que las mascotas llenen las iglesias, que un compañero o tu mismo os llevéis a vuestra mascota al trabajo o que se celebre todo tipo de homenajes a animales tan importantes como los perros guía de los invidentes.